Ayer me encontré en esta autopista de la información con el Facebook de “Manuel”, hace algún tiempo que por cuestiones naturales no nos vemos, lo que no quita un ápice la cantidad de aprecio que sigo manteniendo por él; Así, recordando nuestra intensa y larga amistad, buscando en mis documentos perdidos algunas cartas que nos escribíamos, me encontré con ésta, que os transcribo, (espero no se ofenda por hacerla pública):

Continuamente me repito: “no escribas sino estás seguro de creer en lo que escribes, es más hermosa la página en blanco, virgen.”

La temeridad de decidir tomar este verano la pluma y comenzar a escribir ”largo”, y, a sabiendas del carácter inacabado de lo empezado y de las múltiples correcciones y mutilaciones que aún quedan por hacer, ha supuesto en mí un desgaste lleno de riqueza, lleno de emociones, de incluso rubores olvidados. Antes, siempre que escribía algo nuevo, (una frase, un pequeño relato, una carta, un poema,…) se apoderaba de mí una necesidad ingenua de comunicarlo a quienes en el difícil terreno de la creatividad han sido mis mayores, mis maestros: mi admirado Padre –artista callado de la música con el que han bailado los mejores tacones, cantado las mejores voces, improvisado los mejores jazzistas y en sus últimas expresiones han llorado las más rutilantes y pomposas procesiones con su “Jesús de la Sentencia”-,… . A mi llorado y nunca olvidado Alfonso, -artista callado del color, con el que se mezclaban las formas formando un “uno”, se dibujaba el Oriente en cualquiera de sus trazos, en el que la luz cambiaba de formato y adquiría otra “luz”, el que daba siempre pasos de largura infinita y de valentía inusitada en los lienzos siempre blancos y que convertía siempre, siempre, en historias estéticamente vitales y febriles y válidas, aquél que te decía con suave crítica: “esto no….carlos…”, y a mi maestro (tambien callado) aún vigente del difícil arte que nos ocupa, el de escribir, que siempre sembró en mí la necesidad de escribir creyendo, de escribir sintiendo, de lo auténtico, de lo pleno y que nunca sabré ni siquiera imitar, M. Laza, quién un día me dijo ante el “gin” : anda escribe, hazlo y goza.

Con el primero de ellos, mi Padre, llegué a firmar con él en lo tácito de la relación padre /hijo, un contrato en los términos que Petros le hace firmar a su sobrino . Decía lo siguiente:

Yo, el abajo firmante, estando en plena posesión de mis facultades y a la edad de 17 años, por la presente prometo solemnemente que, habida cuenta que no he demostrado una capacidad superior para la música y en virtud del acuerdo hecho este último verano con mi padre aquí presente, nunca estudiaré en una institución de educación superior ( Conservatorios Superiores u otras escuelas de danza, canto,…) con el fin de obtener un título de músico en ninguna de sus facetas, instrumentista, compositor, director,…ni trataré por ninguna otra vía de desempeñar una profesión en este campo, sólo quedo validado para aprender, sentir y manifestar mi necesidad creadora en el necesario y complementario campo de la audición.
De este modo mi relación con la música quedó relegada a educarme en el “arte” del saber oir. Esta promesa no me costó trabajo firmarla, pero al cabo del tiempo ha impedido que pudiera directamente comunicar a mi padre cualquiera de mis humildes manifestaciones creativas no sólo en el campo de lo musical -que no hice ninguna- sino de cualquier otro que contenga alguna manifestación artística, en definitiva prometí más que no ser músico, no ser “artista” en el sentido, claro está, más literal del término. Mi final profesional fue dedicarme al campo de las matemáticas y al de su enseñanza.

Con Alfonso ha sido la insoportable injusticia de la vida la que no me permite esa necesitada e ingenua comunicación real, pero créeme querido amigo, hablo como los creyentes con él cada vez que lo deseo,..aunque he de reconocer que he tenido algún intento fallído de comunicarme con su espíritu, y es que estaba últimamente ocupado en sus lances de pesca, y en sus nuevos lienzos,…. recobra de nuevo la vida con pasos infinitos…

A M. Laza aquella mañana de Otoño no pude verle, y me fue imposible trasladarle mi inacabado comienzo de novela… al paso de los días y después de observar sus imperfecciones (las de mi novela, claro está) me decidí por no presentar el ejercicio, ocurriera que no pudiera tomar otro camino después de leer su recensión que el de romper por lo sano y dejar de escribir en otra temporada.

No obstante, cometí el atrevimiento de violar su paciencia (calladamente) telepáticamente, en un mediodía azul bajo la mirada atenta de un castillo moro entregándole un puñado de páginas mal construidas e intentando no sé si en vano (hoy ya sé que no) de trasmitirle más allá del contenido de aquéllas páginas la inusitada emoción que supone el acto de escribir. Acto del que cada vez soy más temeroso. La mejor respuesta acerca de sus opiniones de lo allí garabateado me la dio sin alusión alguna a aquellos “ojos del auriga”, sino en las cuartilllas que encontré aquél día de claustro, y algunas palabras que me transmitieron la sensación de que ya pertenezco al clan de los adictos a la creatividad, al clan de la biofilia, al de los “locos valientes” que se enfrentan al papel a sabiendas que se enfrentan a si mismos.

Aquél día de aquél Claustro al que no asistió M. Laza no me sorprendió en la mesa de mi despacho unas cuartillas escritas por él, pues es de uso muy cotidiano en él escribirme a menudo… las presento literal y en el mismo orden en que fueron escritas:

<SUSPENSO EN RÍO>
Para Carlos: “ex corde”

Yo no te supe, río.
Te ví tan sólo como si fueras agua,
Y nada más. Corriente y nada más.

Con los reflejos vivos de tus aguas,
Con el susurro lento de tus cantos,
Tal vez sin tú quererlo,
-¡oh río de mi infancia!-,
pusiste un velo en mi mirada, y no
me dí yo cuenta: tú eras, también, tiempo…

Y ya no puedo yo volver a verte
Igual que ayer, cuando era un niño, sólo
Jugando entre tus márgenes… error
fatal: se paga años consumidos,
“ en tiempo consumado, que es igual…
… pero: ¿error fatal?
No lo sé, no:
Tendré que repetir -¡oh río!- tu curso entero,
Y mirarte de nuevo, por si acaso…

Querido Carlos –y colega en esta “patibularia tarea” de escribir versos-:
A estas alturas de nuestro mutuo conocimiento, parecería que no hay nada nuevo que comunicarse; nada más falso que eso: relee esta parte del libro sobre el escribir donde se explica que hay que acercarse a las cosas como si fuera la primera vez que las vemos…, pero es que ¡realmente siempre vemos todo por vez primera! Basta con “quitarse uno el velo” de lo ya pre-establecido (válido, en buena medida, para “la vida” y desarrollo “de la Ciencia”; pero vano y grandemente dañino para la “Ciencia de la vida”, (o arte del vivir).
Así, pongo por caso, regalarte a un – o a una- solitario paseante todo el horizonte marino que vea en el atardecer, forma parte del arte de vivir. Igual que montar un chiringuito donde se venda “dos nada-s” por el precio de una; o donde se regale “cuarto y mitad de nada”. Para hacer la vida –o hacer de la vida- algo creativo, para CREAR, es preciso antes un inexcusable Acto de Fe en uno mismo como creador de lo que sea. Es preciso CREER para CREAR. Ese, y no otro, es mi personal “credo”; ésa, y no otra, es mi personal Fe: La Fe en la naturaleza divina del hombre ¡por obra, gracia y don gratuito de la Mujer! Los “dioses”de panteones o de edificios con cúpulas y “baptisterios” no me interesan personalmente; la solidaridad entre los seres, sí. Cristo me importa –y mucho- en base a UN HERMOSO MITO QUE DE SER SOLO MITO MÁS HERMOSO ES AÚN. Sé –me consta- que tal cosa no es fácil de aceptar: porque ya te han fijado “los otros”(entre quienes nosotros mismos hemos de incluirnos) un rótulo, una idea pre-concebida y se dicen a sí mismos: “¡Si sabré yo cómo es Fulano…!
Rómpase el ídolo para que quede libre el hombre, el cual –si así lo quiere- es nuevo cada día: ¡el mundo entero es nuevo cada día!
La obligatoriedad de este acto (interno, mental; “acto de Fe personal”) está en su propia sencillez: creemos que es más fácil dar ya por hecho y conocido y quieto e inamorosado (o “des-amorado”) a todo y a todos. La inercia mental es enemiga –y letal- de la auténtica sabiduría: gracias a que de vez en cuando grandes pensadores ponen en duda todo lo que se da por cierto, existe la ciencia, la filosofía, la geometría no-euclídea, la poesía. De no ser así, aún estaría –es un ejemplo- en vigor el sistema ptolemaico o visión del mundo debida a Ptolomeo.
<Si tu vales, bene est; ego valeo>(=”si gozas de buena salud, eso está muy bien; yo gozo de buena salud”: así solía despedirse Cicerón en sus cartas) Un abrazo siempre. M. Laza.

Por fin estos dos poemas que ahora transcribo cerraba aquél paquete de cuartillas:

Poema 1.
<CUESTIÓN DE MATICES>

“El hombre en realidad,
Es incontable.”
M.L.Z.

Mi nombre es “Número”.
Me llaman “uno”; pero no pueden
Engañarme: yo sé
que me llamo”Número”; y “Ninguno”.
(Soy “Don Número Ninguno de la Nada”)
El “uno” es otro; lo sé,
Y el otro -dice él- es ninguno
También: ¡oh dichoso capricho…¿del Azar?!
¡<los somos, los somos:
Los dos somos ninguno…
… y tomados a solas,
los solos números
son, siempre, todos, “uno”.
¡El cinco, es uno!
¡El siete, es uno!
¡El mil, es uno!
Todos –de uno en uno- los números son siempre Uno, sólo Uno. Y…,
…¡el resto es Fantasía!
(Otros, la llaman Matemáticas…)

(Dedicado –este texto- a Guillermo Shakespeare, y a todos los profesores que susurran números por las mañanas al oído de los… ¡alumnos!)
M. Laza.

De entre los poemas que escribimos en la unidad de nuestro “in memorian” a Alfonso, Leda Tristura, hay uno de ellos que especialmente sentí, – de esos poemas que uno quiere hacer suyo-, era tuyo Carlos: “Azul”, vano sería recordartelo, pero lo anticipo a esta reflexión que despide a mis palabras.

<AZUL>

Súbito.
El Azul se apoderó de mis ojos
en aquella mañana en la que
la música me acompañó por dos
veces, una en silencio, la otra
de color verde.

Hoy mi tristeza es de color
Mar de mañana.
Azul (alegre)
C. Ipiéns. Madrugada del 21 de Marzo de 1995.

Digo :el texto poemático, no ocasional, incuba otros muchos más textos, dibujos, relatos, koans; mitología personal que es cifra –casi (¡Tan pronto, Dios!) ya única- aislada, digital, “marcada a llanto lento, adentro”, y nunca ecuacional, de mi irme viviendo y desvistiendo de máscaras, tirando azogues por el camino …

¡Que “Ella”me encuentre,
del todo y de todo,
al final, desnudo!

Ahí ya cifro mi afán.
M.Laza.

Para ti, Carlos.
Y recuérdalo: un día, -¿ lejano?-, fugazmente, fuimos “alma”: teníamos un vaso (¡Oh amistad, amistad!) firmemente en las madrugadas de nuestras manos. Pero … ¡Sobrevivimos, sobre-volamos!

VALE

Imagen: Iglesia. Xauen, 1972

Oleo sobre tela. 75x60cms.

Autor: Alfonso Peñarrubia

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