La Flecha del Tiempo, escribe: Manuel Laza Zerón.

Breve Historia del Tiempo, Stephen Hawking.

Manuel Laza nos brinda el artículo que sigue, en su página habitual de “La Opinión de Málaga“.

Le tengo prometido un “a modo de comentario equilibrante” a este formidable artículo.

Nos escribe:

Uno de los grandes teóricos de la Física post – newtoniana, Sir Arthur Stanley Eddington (1882 – 1944), dejó escrito en una de sus obras más importantes, “The Nature of the Physical World” (1928) esto que sigue :
“… Emplearé esta expresión de flecha del tiempo para describir esta propiedad unidireccional del tiempo que no tiene su par en el espacio.”
Es, por tanto, Eddington el responsable de esa idea, “flecha del tiempo”, que tanto se ha repetido desde su primera aparición en un libro científico y hasta llegar a nuestros días. De esta noción nos dice el propio Eddington tres cosas que son básicas : una, que es reconocida por la conciencia; la segunda, que es exigida por la razón, y la tercera y última, que la flecha del tiempo no viene recogida por la ciencia Física salvo en el estudio de determinados procesos. Eddington, de acuerdo con esos estudios que contemplan la cuestión termodinámica de la entropía, deduce que esta llamada “flecha del tiempo” es una propiedad exclusiva de ésta, de la entropía, término que podemos ver o entender como “progresivo aumento de desorden en los elementos de un sistema”, o resumirlo como “medida del desorden”. Se refiere tal “desorden” al de las partículas elementales en el seno de un sistema dinámico, como pueda ser el agua hirviendo en una caldera, – lo más simple -, o el Cosmos, que sería lo más complejo. En estas cuestiones de Física no puedo ir más allá : mi conocimiento de estas cosas no pasa de lo que se puede saber leyendo libros de divulgación científica, lo que me inhabilita para ese ir más allá. Sin embargo, atendiendo a otras cuestiones, sí es posible conjeturar “cosas diferentes” sobre la cuestión. Veamos.
Por ejemplo, la cuestión de la unidireccionalidad del tiempo desde el pasado hacia el futuro. Lo que llaman “flecha del tiempo psicológica”, eso que parece estar asentado plenamente en nuestra conciencia, que vamos o vivimos “desde un pasado y hacia un futuro, pasando por un siempre inestable presente”, no es así siempre, no se da de manera “irremediable” en todas las culturas. Por ejemplo, los indios Aimara, de acuerdo con estudios recientes (datan del 2006), ven el futuro “detrás” y el pasado “delante”, los perciben justo al revés que nosotros. Y que la mayoría de las culturas. Esto, por extraño que parezca, tiene sus similitudes con otras “sorpresas” que nos depara a veces la Antropología.
Cuando Benjamín Lee Worf estudió el lenguaje de los indios hopi, hizo una curiosa observación : “La lengua de estos pueblos parece más adecuada para describir algunos fenómenos que estudian los físicos en el mundo de la mecánica cuántica”, vino a decir. B. L. Worf era un ingeniero que, a raíz de cierto momento se decide a estudiar la realción entre el lenguaje y la realidad, es decir, más que la realidad, “nuestra percepción” de la realidad. Su maestro en esta disciplina, la Lingüística, es nada menos que Edward Sapir, estudioso de las lenguas amerindias de los EE. UU. del Norte y gran teórico del lenguaje.
En otro orden de cosas, un antropólogo de la primera mitad del siglo XX, Kilton Steward, que había estudiado de manera intensiva las formas de vida y comportamientos de los pueblos senoi, en Malasia, afirmó tajantemente que los conocimientos que tenían los senoi de los fenómenos oníricos podian parangonarse a los que la cultura de Occidente tiene (hablamos de los años 30 del pasado siglo XX) de la Física. ¡Nada más y nada menos! Luego sería el gran discípulo de Freud, Karl G. Jung, quien abordaría con solvencia la cuestión de los conocimientos de estos pueblos senoi sobre el mundo de los sueños y su manipulación efectiva para servirse de ellos en la realidad de la vigilia, en la vida cotidiana del estar despiertos.
¿Adónde nos llevan estas cosas? De momento, a algo bastante simple en apariencia : la Ciencia en realidad no ha hecho más que empezar. Si la concebimos como un globo que es posible inflar más y más, y en cuyo interior está cuanto se sabe y se teoriza y tenemos comprobado, no podemos negar que a medida que el globo sea mayor, mayor será también el espacio que limite al globo y le haga percibir “horizontes de preguntas, lindes de cosas que se ignoran”. ¿Cómo, sabiendo más y más, podemos decir que a la vez se ignora más y más tambien? Muy simple : los límites de la realidad NO SON realmente los límites del lenguaje : hay Mundos más allá de lo que podemos decir, esto es, postulamos que existen mundos indecibles, sólo que, como dejó dicho en su “Tractatus” L. Wittgenstein, “Lo inexpresable existe, se muestra. Es lo místico” (punto 6.522 de su “Tractatus lógico-philosóphicus”). Pero (¡ojo!) también termina diciendo (punto 7, y final, del Tractatus) : “De lo que no se puede hablar, hay que callar.”
Lo que en sucesivas entradas en este blog “La Voz al Vuelo” queremos abordar, y aquí nada más que hemos hecho una apresurada introducción, es la cuestión del Tiempo. Obviamente, lo que digamos tendrá un fundamento más psico-lingüístico que no físico-científico, terreno al que sólo nos es posible acceder desde esas reducidas atalayas que son las obras de divulgación.
Algo añado : dedico este breve texto a mi amigo José Luis Castro Gómez, profesor de la UMA, y persona que desde sus conocimientos de Física y Química me supo aclarar cosas elementales que sin sus palabras medidas me hubieran costado mayor esfuerzo. De eso, hace ya muchos años. Gracias.

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