Maurits Cornelis Escher

Maurits Cornelis Escher, más conocido como M. C. Escher (Leeuwarden, Países Bajos, 17 de junio de 1898 – Hilversum, Países Bajos, 27 de marzo de 1972), artista holandés, conocido por sus grabados en madera, xilografías y litografías que tratan sobrefiguras imposibles, teselados y mundos imaginarios.

Su obra experimenta con diversos métodos de representar (en dibujos de 2 ó 3 dimensiones) espacios paradójicos que desafían a los modos habituales de representación.

A lo largo de su carrera realizó más de 400 litografías y grabados en madera, y también unos 2.000 dibujos y borradores. De muchos existen decenas de reproducciones, cientos e incluso miles de otros. Al final de su carrera destruyó algunas de las planchas para que no se realizaran más reproducciones de originales. También existen estudios y borradores de muchas de sus obras, en ocasiones también varias versiones de algunas de ellas. Muchas de su obras se vendieron masivamente poco después de su muerte y están esparcidas por el mundo. Un grupo importante está expuesto de forma permanente en el Museo Escher en La Haya, Holanda.

Como artista, M.C. Escher resulta difícil de clasificar. Se han hecho múltiples interpretaciones de sus obras, pero la realidad es que Escher no tenía grandes prentensiones ni mensajes que transmitir, sino que básicamente plasmaba lo que le gustaba. No basaba su trabajo en los sentimientos, como otros artistas, sino simplemente en situaciones, soluciones a problemas, juegos visuales y guiños al espectador. Visiones, en ocasiones, que le sobrevenían por las noches, que pasaban por su imaginación y que creía merecedoras de ser plasmadas en sus cuadros.

Él mismo reconocería que no le interesaba mucho la realidad, ni la humanidad en general, las personas o la psicología, sino sólo las cosas que pasaban por su cabeza. En cierto modo era alguien introvertido, dicen incluso que de trato difícil, que prefería crear su propio universo.

Los expertos coinciden, y es bastante evidente examinando la mayor parte de sus obras, en que una de sus principales características es la dualidad y la búsqueda del equilibrio, la utilización del blanco y el negro, la simetría, el infinito frente a lo limitado, el que todo objeto representado tenga su contrapartida.

El análisis de sus obras, tal y como definió Bruno Ernst, uno de sus biógrafos y amigo personal, permite clasificarlas básicamente en tres temas y diversas categorías:

  • La estructura del espacio – Incluyendo paisajes, compenetración de mundo y cuerpos matemáticos.
  • La estructura de la superficie – Metamorfosis, ciclos y aproximaciones al infinito.
  • La proyección del espacio tridimensional en el plano – Representación pictórica tradicional, perspectiva y figuras imposibles.

Desde el punto de vista matemático –geométrico-, la partición del plano y el infinito son dos temas que acompañan toda su obra.

La partición del plano, fue según sus propias palabras el tema que más le apasionó: “Es la fuente más rica de inspiración que jamás haya encontrado”.

La idea de rellenar el plano con un mismo motivo se considera original suya, no influida por su aprendizaje. Afirmó: “Mucho antes de que, a raíz de visitar la Alhambra, descubriera cuán afín me es el problema de la partición de la superficie, yo había descubierto por mí mismo mi interés por él”.

Ya en 1922 antes de visitar Granada imprime una plancha en la que están representadas ocho cabezas, cuatro al derecho y cuatro al revés.

Después de visitar la Alhambra por primera vez, Escher intentó unos nuevos diseños, de los que se conservan bocetos de 1926, todavía muy rudimentarios. Tras una segunda visita, esta vez junto con su mujer, en 1936, copió durante varios días motivos allí representados y descubrió un sistema para representar particiones periódicas del plano, consiguiendo descubrir los 17 grupos de simetría planos que figuran en la Alhambra, a pesar de sus rudimentarios conocimientos matemáticos. Pero no se detuvo aquí, sino que además introdujo el color, cosa que nadie había hecho hasta esa fecha.

Bocetos que realiza en uno de sus viajes a la Alhambra, inspiración de toda su obra de teselados.

Vídeo: C. R. Ipiéns. Verano 2012

Nick Bantock: North African Collage

Música: Luís Delgado, -Al Andalus- La orfebrería en los reinos de Taifas.

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Nick Bantock (n. 14 de julio 1949 en Stourbridge , Inglaterra ). Bantock es conocido por su popular serie, La Trilogía de Griffin y Sabine , y por sus collages.

Nick Bantock es un pintor, dibujante y escultor inglés. Ha publicado 25 libros con mucho éxito siendo traducidos a 13 idiomas y vendiendo más de 5 millones por todo el mundo. Sus libros son publicados por Raincoast Books en Canadá y en Chronicle Books en los Estados Unidos. Estas imágenes son collages de postales  de Marruecos, Argelia y Túnez de principios de siglo.

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Rubens y Jan Brueghel (el viejo): Los sentidos. Museo Nacional del Prado

El oído, Brueghel

La serie de Los Sentidos es uno de los mayores logros estéticos de la colaboración artística entre Rubens, que realizó las figuras alegóricas de cada uno de los sentidos, y Jan Brueghel, que representó los exuberantes escenarios cortesanos. Artes plásticas, música, caza, naturaleza y armas, aparecen exhibidos en escenas que transmiten la riqueza y sofisticación de la corte de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, retratados en la escena de La Vista, y cuyos palacios se aprecian en la lejanía.

La vista: Rubens/Brueghel (el viejo) -Haz click en la imagen para ampliar-

En El Olfato, vemos referencias al coleccionismo de flores y plantas, que era parte de la cultura cortesana de la época, y también a otros objetos perfumados muy del gusto de la nobleza, como los guantes de ámbar.

El Olfato: Rubens/Brueghel (el viejo) -Haz click en la imagen para ampliar-

En El Tacto las armaduras reflejan el interés por el coleccionismo de armaduras en los inicios del siglo XVII, mientras que en La Vista (P01394) el protagonismo es para el coleccionismo de pintura y otros objetos. El edificio que se ve al fondo de este cuadro es el Castillo de Coudenberg, sede principal de la corte de los Archiduques.

El Tacto: Rubens/Brueghel (El viejo). -Haz click en la imagen para ampliar-

La opulencia del bodegón que se ve en el primer plano de El Gusto (P01397), y la frondosidad del paisaje exterior, aluden a la abundancia de los Países Bajos.

El Gusto: Rubens/Brueghel (El viejo). -Haz click en la imagen para ampliar-

La serie pasó por las manos de varios nobles y aficionados al arte de la pintura antes de ser entregada a Felipe IV. En 1636 colgaba ya de las paredes del Alcázar de Madrid.

El Vista y el Olfato: Rubens/Brueghel (El viejo). -Haz click en la imagen para ampliar-
El Gusto, el Oído y el Tacto: Rubens/Brueghel (El viejo). -Haz click en la imagen para ampliar-

Goya y el Prado

La nevada o el Invierno (Click en la imagen para ampliar)

Retomando apuntes de mi amigo y compañero, el Profesor D. José Luque Baena, propongo este, para enmarcar un resumen a modo de muestra de la obra de Goya.

Francisco de Goya por Vicente López Portaña (click en la imagen para ampliar)

Sin que podamos considerarlo como un pintor neoclásico, la figura culminante en el panorama que ofrece la pintura española de la segunda mitad del siglo XVIII es Francisco de Goya, pintor difícil de encasillar en un estilo concreto pues su arte evoluciona constantemente. El hecho de que su obra ejerza una importantísima influen­cia en la pintura posterior es lo que nos permite considerarlo como “precursor de la pintura moderna“.

Goya es un pintor que cultiva muchas técnicas: la más usual fue el óleo sobre lienzo, aunque también lo emplea directamente sobre el muro (“pinturas negras”). Pintó también al fresco como decorador mural y practicó con técnicas de estampación como el grabado, la litografía, el aguafuerte, etc. Su factura varía con los años, pero siem­pre tendió a ser amplia, larga, suelta y expresiva. La textura va desde el aspecto liso de los cartones para tapices al rugoso de las pinturas negras. El modelado lo consi­gue por matices de colores. Aún siendo buen dibujante, es el color el principal prota­gonista en sus cuadros. Goya centrará su atención en la figura humana (el marco ambiental le interesó más bien poco)  A nivel compositivo su producción varía mucho según la época.

Su obra está estrechamente ligada a su vida y una serie de crisis irán marcando la evolución de la misma, por lo que conviene estudiar paralelamente vida y obra:

Nacido en el pueblecito aragonés de Fuendetodos, pronto pasa a Zaragoza donde se forma en el taller de Luzán; Con 23 años de edad viaja a Italia para completar su formación y, a su regreso,  pinta en El Pilar, donde conoce a Francisco Bayeu, pintor de cámara del rey (y más tarde cuñado, pues Goya casa con su hermana) que le va a propi­ciar el camino hacia la fama pues a través de él logra llegar a trabajar en los talleres reales, iniciando de este modo su etapa de cartonista (cartones que después se plasmarían en tapices) en la Real Fabrica de Tapices, donde permanecerá unos 20 años.

El quitasol (click en la imagen para ampliar)

En estos cartones tratará temas de la vida ordinaria y de las costumbres de la época. Los cartones nos hablan de un Goya feliz, sin problemas, en los que la vida está pintada con tonos amables y optimistas. Se conocen más de 60 cartones, de los que destacan, entre otros, El Quitasol, La gallinita ciega, La pradera de San Isidro, La vendimia, etc.

La gallina ciega

Hacia 1780 entramos ya en un periodo de triunfos para Goya. Los reyes y prínci­pes le reciben en palacio y empieza a ser conocido en todos los ambientes sociales.

Ese mismo año ingresa en la Academia de San Fernando e inicia su carrera como pintor del rey. Siguen años de éxito para el pintor que cada vez se va haciendo más famoso entre la nobleza. Goya alterna en su obra retratos de personajes reales – Carlos III de  caza –  y de personajes de la aristocracia – Familia del Duque de Osuna – con cuadros religiosos, como La Sagrada familia.

Los duques de Osuna y sus hijos (click en la imagen para ampliar)

En 1789, Goya es nombrado primer pintor de cámara del nuevo rey Carlos IV y cuatro años más tarde  cae enfermo de gravedad, enfermedad que supone un duro golpe para un hombre que empezaba a acostumbrarse a una vida feliz. Es la primera crisis que tendrá un reflejo en su arte. En efecto, el Goya de después de la enferme­dad, de la que queda sordo, es un pintor totalmente distinto y va a encontrar en una colección de grabados – Los Caprichos – el desahogo a sus males: son cuadros de fantasía de fuerte sátira contra la sociedad.

Alterna los grabados con retratos de personajes famosos – Duquesa de Alba, Condesa de Chinchón – y retratos reales: La familia de Carlos IV. Son estos años los de contacto con la Duquesa de Alba, aventura amorosa un poco en broma para ella y más en serio para él, y cuando pinta también sus Majas desnuda y vestida (¿Duquesa de Alba?) y decora con frescos la cúpula de San Antonio de la Florida, un claro ejemplo de la evolución de su pintura.

La familia de Carlos IV (click en la imagen para ampliar)

En 1808 se produce la segunda crisis en la vida del pintor motivada por la inva­sión francesa. Los horrores de la guerra impresionaron a Goya que se convertirá en una especie de cronista de la misma a través de una nueva colección de grabados – Los Desastres de la guerra – que reflejan la crueldad de la tragedia. Cuando termina la guerra volverá a pintar obras relacionadas con el mismo tema: La carga de los mamelu­cos y Los fusilamientos(ver detalle). Lafuente Ferrari dice que la crisis de la guerra supuso una profunda transformación en el arte de Goya.

El 2 de mayo de 1808 en Madrid: “La carga de los mamelucos” (click en la imagen para ampliar)
Los fusilamientos del 3 de Mayo (click en la imagen para ampliar)

Al término de la Guerra de la Independencia, cuando vuelve Fernando VII, seguirá como pintor de cámara del nuevo rey, pero no es ya un pintor feliz, como lo demuestra otra serie de grabados – Los Disparates – donde crea seres monstruosos con dos o tres cabezas que se apartan de la realidad y nos conducen al mundo de los sueños, plasman­do estados sin posible realidad. La crisis de la guerra ha transformado su paleta otra vez. En los cuadros que pinta ahora se nota el pesimismo del pintor. Donde realmente puede  apreciarse a fondo la transformación experimentada en su arte es en la serie de “pinturas negras” de su casa  (La “Quinta del sordo”) en donde Goya se refugia buscando el reposo y la evasión. Estas pinturas tienen una técnica de pincelada larga y gruesa y son el antecedente claro de la pintura expresionista (la realidad se deforma para expresar la angustia). Los temas son como de pesadillas: brujas, hechice­ras desdentadas, etc. Algunos ejemplos son Saturno devorando a su hijo, Lucha a garro­tazos, etc.

Los cómicos ambulantes (click en la imagen para ampliar)
Fernando VII con manto real (click en la imagen para ampliar)
Duelo a garrotazos (click en la imagen para ampliar)
Las parcas o Átropos (click en la imagen para ampliar)

Goya, desengañado, decide autoexiliarse a Francia y allí nos deja una de sus últi­mas obras, La lechera de Burdeos, con una técnica similar a la que usarán los impresionistas.

Con la obra de Goya se cierra un ciclo y se abre otro: el de la pintura moderna. En efecto, su obra va a ejercer una influencia decisiva en la pintura posterior. La deuda de movimientos pintores del XIX (Romanticismo, Realismo e Impresionismo) y del XX (Ex­presionismo y Surrealismo) es clara.

La lechera de Burdeos (click en la imagen para ampliar)

Aunque la mayor parte de su producción como pintor coincide con la época del Neo­clasicismo, él rechaza de este estilo su consideración dibujística, académica, estática y acromática y se inclina, como harán los pintores románticos, por una pintura en la que se ensalza el color, las composiciones dinámicas y los temas de exaltación de la libertad y heroicidades del pueblo (en esta línea encaja perfectamente ‘La carga de los mamelucos”).

Perro semihundido (click en la imagen para ampliar)

La pintura realista francesa, de manera más o menos consciente, se­guirá los caminos goyescos en la técnica y la concepción. La deuda del Impresionismo es aun más clara: los impresionistas recordarán la pincelada suelta de Goya en obras como “La lechera de Burdeos”. De igual manera, el expresionismo tiene en Goya un claro precursor: la preocupación principal de la pintura expresionista es el alma humana; es una pintura que plantea los conflictos íntimos del hombre, deformando la realidad para expresar la angustia. El rostro del personaje a punto de morir en “Los Fusila­mientos” es un clarísimo ejemplo de esa deformación de la realidad que usarán los expresionistas, y lo mismo podría decirse de algunas de sus figuras de sus “pinturas negras”. Finalmente, también puede observarse en algunas obras de Goya el antecedente del  surrealismo, manifestación pictórica  del  s. XX en  la  que  se  pierde  la racionalidad, por la insistencia del pintor en plasmar estados sin posible realidad, como ocurre en algunos de sus “Caprichos”(lámina) y en su colección de grabados “Los Disparates” donde encontramos seres monstruosos con dos o tres caras que se apartan totalmente de la realidad y nos con­ducen al mundo de los sueños.

Vídeo: C.R. Ipiéns