circe
John William Waterhouse (1849–1917). Circe. 1911. 86.3 × 77.2 cm. Óleo sobre lienzo.

Circe

En la mitología griega, Circe (en griego Κίρκη) era una diosa y hechicera que vivió en la isla de Eea.

Sus padres fueron Helios, el titán preolímpico del Sol, y la oceánide Perseis. Como hermanos tuvo a Eetes y Pasífae.

Circe transformaba en animales a sus enemigos y a los que la ofendían mediante el empleo de pociones mágicas, y era famosa por sus conocimientos de brujería, herborística y medicina.

En la Odisea, la casa de Circe es descrita como una mansión de piedra que se alzaba en mitad de un claro en un denso bosque. Alrededor de la casa rondaban leones y lobos, que en realidad no eran más que las víctimas de su magia: no eran peligrosos y lisonjeaban a todos los extraños. Circe dedicaba su tiempo a trabajar en un gran telar.

Cuando llegó a la isla de Eea, Odiseo mandó desembarcar a la mitad de la tripulación, y él se quedó en las naves con el resto. Circe invitó a los marinos a un banquete, hechizó la comida con una de sus pociones y luego, cuando se hubieron atiborrado, empleó una vara para transformarlos en cerdos. Sólo logró escapar Euríloco, que desde el principio sospechaba una traición. Avisó a Odiseo y a los otros que habían permanecido en los barcos.

Odiseo partió solo al rescate de sus hombres, pero en el camino fue interceptado por Hermes, quien le mostró la planta moly (μῶλυ), que le serviría para protegerse del encantamiento.

Dibujo de los años 1590, obra de A. Carracci: Hermes protege de Circe a Odiseo.
Dibujo de los años 1590, obra de A. Carracci: Hermes protege de Circe a Odiseo.

Cuando Circe no pudo convertirlo en animal, Odiseo la obligó a devolver a sus hombres la forma humana. Circe acabaría enamorándose de Odiseo, y lo ayudaría en su viaje de regreso a casa después de que él y su tripulación pasasen un año con ella en su isla.

Circe sugirió a Odiseo dos rutas alternativas para volver a Ítaca después de bordear la isla de las sirenas (a menudo situada por los mitos frente a Sorrento e identificada con Capri): o bien dirigirse hacia las «rocas errantes» (las islas Lípari, llamadas de forma parecida en las notas de viaje del Chou Ju-kua en el siglo XIII); o pasar entre la peligrosa Escila y el remolino de Caribdis (zona normalmente identificada con el Estrecho de Mesina).

Casi al final de su Teogonía (1011f), Hesíodo cuenta que Circe tuvo tres hijos de Odiseo: Agrio (por lo demás desconocido), Latino y Telégono, quien gobernó a los tirsenos, es decir, los etruscos.

Poetas posteriores sólo suelen mencionar a este último como hijo de ambos. Cuando alcanzó la edad adulta, cuentan, Circe lo envió a buscar a su padre, quien había regresado mucho tiempo atrás a su hogar; pero al llegar, Telégono mató a Odiseo por accidente, y llevó su cuerpo de vuelta a Eea junto con su viuda Penélope y su hijo Telémaco. Circe los hizo inmortales y desposó a Telémaco, y Telégono se casó con Penélope.

Dionisio de Halicarnaso cita que Xenágoras el historiador afirmaba que Odiseo y Circe tenían tres hijos: Romo, Antias y Árdeas, epónimos de las ciudades de Roma, Anzio y Ardea, respectivamente.

Se dice que Circe también purificó a los argonautas por la muerte de Apsirto; puede ser una tradición arcaica.

En historias posteriores, Circe transformaba a Pico en un pájaro carpintero por rechazar su amor, y a Escila en una criatura monstruosa con seis cabezas de perro cuando Glauco, otro objeto de los afectos de Circe, declaraba su amor eterno a la primera.

Circe por Erika Bornay, de su libro “Las hijas de Lilith”; Págs. 171-176.

“…Excelente análisis de la imagen de la mujer fatal, partiendo de Lilith, primera esposa de Adán según los textos religiosos hebraicos. Erika Bornay examina las distintas corrientes artísticas que recuperan esta iconografía desde finales del siglo XIX. Por último realiza un “catálogo” de todos los personajes femeninos (bíblicos, literarios, fantásticos...) que encarnan el ideal de la mujer fatal a través de las manifestaciones artísticas del fin de siglo, con abundante material gráfico para ilustrar sus explicaciones”.
“…Excelente análisis de la imagen de la mujer fatal, partiendo de Lilith, primera esposa de Adán según los textos religiosos hebraicos. Erika Bornay examina las distintas corrientes artísticas que recuperan esta iconografía desde finales del siglo XIX. Por último realiza un “catálogo” de todos los personajes femeninos (bíblicos, literarios, fantásticos…) que encarnan el ideal de la mujer fatal a través de las manifestaciones artísticas del fin de siglo, con abundante material gráfico para ilustrar sus explicaciones”.

En su capítulo XVI. El mito y sus disfraces. Personajes de las mitologías paganas, nos ofrece su visión y su versión sobre el mito de Circe, tan unido a la Odisea de Ulises en su camino hacia Ítaca, nos relata:

“… En su camino de regreso a Ítaca Ulises hace escala en la isla Eea, donde envía previamente a sus compañeros para una exploración previa. Circe metaforseará  a éstos en cerdos, leones o perros, cada uno según su carácter, y luego tratará de seducir al hombre homérico (Ulises), quien, finalmente accederá a las pretensiones amorosas de la hechicera y permanecerá con ella un año en la isla (Otras versiones dirán que sólo un mes).

Si Astarté (Ishtar) envilecía a los hombres provocando en ellos sus instintos más bestiales, Circe los convertirá materialmente en animales. No es extraño pues que muchos pintores fin-de-siècle vieran en el personaje de esta maga un claro ejemplo de los peligros del sexo femenino y desearan representarla en sus obras.

De un artista inglés Arthur Hacker existe un lienzo que lleva por título Circe (1893), en la que esta aparece como una voluptuosa modelo de la época adornándose el cabello con las rosas esparcidas que hay a su alrededor, flores emblemáticas de Venus. En círculo, alrededor de ella, y mirándola con estúpida mansedumbre, aparecen los compañeros de Ulises en varias etapas de transformación en perfectos cerdos. Esta obra, como otras del mismo tipo, sería entendida, o se fingiría entender, como de advertencia y admonición.

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No he encontrado otra versión cromática en Internet.

En su comentario para la Royal Academy Pictures de 1893, el conocido crítico de arte, M.H. Spielmann, hablaría de la naturaleza moral del cuadro en términos, de establecer un claro paralelismo entre la <<depravación sexual>> del tema y la sociedad contemporánea, e, implícitamente, este paralelismo incluye al “Eterno Femenino”, como causa de la ruina de los hombres.

Lévy-Dhurmer se aproxima de manera totalmente distinta al tema.

Lucien Lévy-Dhurmer Circe (1897).
Lucien Lévy-Dhurmer Circe (1897).

Su actualizada Circe (1897) de sombreados ojos y sonrisa <<a lo Gioconda>>, tan de moda en aquél periodo, contempla con una cierta complicidad al espectador, mientras sostiene una copa de champagne en una mano y con la otra muestra su nombre grabado en el colgante de su collar, único signo que permite reconocer a este personaje homérico. Para acentuar el carácter misterioso y maléfico de la obra, Lévy-Dhurmer elige un paisaje de mar iluminado por la luz de la luna. No sería la última vez que el artista recurriría al tema de Circe. Del mismo año, existe otra obra, muy similar, y también al pastel, a la que ha añadido la imagen de algunos cerdos en los cuales la maga ha metaforseado a sus amantes.

El pintor victoriano John William Waterhouse fue uno de los más notables seguidores de los prerrafaelistas, combinando, muy al gusto del público de la época, los temas de éstos con una técnica más pictórica, pero sin apartarse de la tradición académica.

John William Waterhouse (1849–1917). Circe envenenando el mar o Circe celosa. 1892. Óleo sobre tela. 180,7 × 87,4 cm. Art Gallery of South.
John William Waterhouse (1849–1917). Circe envenenando el mar o Circe celosa. 1892. Óleo sobre tela. 180,7 × 87,4 cm. Art Gallery of South.

En su óleo Circe envenenando el mar (1892) opta por un fragmento menos conocido de la Odisea, y elige representar aquel en que la maga hecha una pócima a las aguas, con el fin de hechizar a su rival Escila, la mujer de Glauco, por la cual éste no había correspondido a su pasión amorosa. La perversa Circe, cuya belleza denota la influencia de las imágenes de E. Burne-Jones, aparece concentrado en el rito del maleficio, aplastando bajo sus pies al monstruo marino que surge del agua y en el que acaba de convertir a Escila, la amada de Glauco.

Otras obras de Waterhouse sobre la temática de Circe:

John William Waterhouse (1849–1917). Circe Offering the Cup to Odysseus. 1891.  “Obra titulada "Circe ofreciendo la copa a Odiseo", pintada en 1891 por John William Waterhouse. Gallery Oldham, U.K. Se trata de una escena de la mitología griega, donde la diosa quiere dar al héroe de La Ilíada, una poción para que caiga bajo su encantamiento. Puede observarse el detalle de Ulises en el espejo”.
John William Waterhouse (1849–1917). Circe Offering the Cup to Odysseus. 1891.
“Obra titulada “Circe ofreciendo la copa a Odiseo”, pintada en 1891 por John William Waterhouse. Gallery Oldham, U.K.
Se trata de una escena de la mitología griega, donde la diosa quiere dar al héroe de La Ilíada, una poción para que caiga bajo su encantamiento. Puede observarse el detalle de Ulises en el espejo”.
John William Waterhouse (1849–1917). Magic Circle. 1886. Óleo sobre lienzo . Tate Britain
John William Waterhouse (1849–1917). Magic Circle. 1886. Óleo sobre lienzo . Tate Britain.

Por último, bajo la apariencia de una moderna y provocadora Circe, una verdadera Fenmme fatale sin ambigüedades de ninguna clase, Félicien Rops ejecutó en 1878 Pornócrates, dibujo en acuarela que daría lugar a numerosas versiones en grabado, y que causó verdadero escándalo en la exposición del Cercle des XX en Bruselas (1886).

Sobre un friso de mármol donde aparecen las musas de las Bellas Artes, una hermosa mujer se pasea desnuda, con seguridad algo insolente, conduciendo a un cerdo a la manera de un perro doméstico. Para realzar su desnudez y acentuar su aspecto provocativo, la figura viste algunas prendas complementarias: largos guantes, medias negras bordadas, sujetas con ligas azules, y pequeños zapatos acharolados que actúan de manera fetichista. Lleva además fajín en la cintura, que se anuda con un ancho lazo, sombrero de plumas, y una venda cubriéndole los ojos.

Este tipo de imaginería puede parecer a algunos pasada de moda, pero es indudable que aún sigue vigente en parte de los libros, revistas y filmes del erotismo actual.

Pornócrates, que posee una doble lectura, es una metáfora, asimismo, de la vida sexual del burgués, realizada fuera de los vínculos del matrimonio y amparada por la doble moral de la época.

El escritor Edmond Picard, que poseía una versión de esta obra, con motivo del escándalo que produjo, llego a escribir: … la naturaleza perversa de la mujer, capaz de convertir a los hombres en animales. (en este caso concreto recordemos que el cerdo es un símbolo de los deseos impuros, de la transformación de lo superior a lo inferior).

Pornocrates. Aguafuerte y aguatinta.
Pornocrates. Aguafuerte y aguatinta. En ella podemos ver a Circe ataviada con elementos eróticos a la vez que semidesnuda y llevando a uno de sus cerdos como si de un “perrillo” se tratara.
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4 comentarios en “Circe (visiones)

  1. Pornocrates me parece una obra muy moderna.Q uien no conoce el tema puede pensar con una obra surrealista.
    A mi me gusta mucho.Es una obra conocida porque nos habla todavía.
    El texto y las ilustraciones son muy adecuados.
    Gracias.
    Cordialmente

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