De los cielos: Mitos, Arte y Etimologías.

En estas nuevas entradas iré recogiendo alguna unidades de trabajo que realicé con mis alumnos en el IES Pablo Picasso de Málaga durante el Curso Académico 2011/2012, donde desarrollamos el Proyecto Analema. Esta es una de dichas unidades, espero sea de su agrado.

Nota: Lamento que no puedan observarse las animaciones, es una presentación PowerPoint.

Mitos, arte y etimologías from Carlos Ipiéns

El cielo egipcio: Dendera

Dendera
Cuando Napoleón Bonaparte invadió Egipto en 1798, trajo consigo un séquito de más de 160 estudiosos y científicos. Conocidos como la Comisión francesa para las Ciencias y las Artes de Egipto, estos expertos llevaron a cabo un extenso estudio de la arqueología, la topografía y la historia natural del país. Entre quienes colaboraron con en el estudio se encontraba Jean François Champollion, que se sirvió de la famosa Piedra de Rosetta para desvelar muchos de los misterios que por tanto tiempo habían envuelto a la lengua del antiguo Egipto. En 1802, Napoleón autorizó la publicación de los descubrimientos de la comisión en una obra monumental, de varios volúmenes, que incluía láminas, mapas, ensayos académicos y un índice detallado. La publicación de la edición imperial original comenzó en 1809. Resultó tan popular que se publicó una segunda edición durante la Restauración borbónica post-napoleónica. Se presenta aquí la «Edición Real» (18211829), delas colecciones de la Biblioteca de Alejandría. En esta entrada podrán admirarse algunas de estas láminas que he recogido de la Biblioteca Digital Mundial.

El cielo egipcio.

Los egipcios, grandes expertos en estrellas, capaces de orientar sus pirámides hacia el norte con un precisión de una décima de grado, no se preocupaban por el realismo en sus representaciones del cielo. Por ello resulta muy difícil identificar con certeza las constelaciones reproducidas en los frescos astronómicos que decoran algunas tumbas, como la del faraón Seti I (1294-1279 a.J.C.). Este grupo de constelaciones representaría a las circumpolares, llamadas por los egipcios “las que no mueren”, objeto de una especial veneración. La gran figura del Hipopótamo hembra con un cocodrilo sobre la espalda sería el equivalente del Dragón en el cielo griego. Está apoyado en un poste -¿el soporte del cielo?- unido a un toro con amplios cuernos que encarnaría a la osa mayor.

Tumba del Faraón Seti I

El zodíaco de Dendera.

Tras la muerte de Alejandro Magno, su inmenso imperio fue desmantelado y Egipto pasó a manos de uno de sus generales macedonios, llamado Ptolomeo. Este fundó una dinastía que reinó en el país hasta el año 30 a.J.C., fecha en la que su última representante Cleopatra VII, se suicidó.

Dendera

El zodíaco, seguido muy de cerca por la astrología, se infiltró en Egipto entre los siglos II y I a.J.C. Los egipcios, que hasta ese momento desconocían por completo el arte de realizar horóscopos, adoptaron estas nuevas figuras y las integraron en sus representaciones tradicionales del cielo., pintadas en el interior de los sarcófagos o en las paredes de las tumbas. El más espectacular de los zodíacos egipcios es sin duda el de Dendera, un bajorrelieve astronómico descubierto en 1799 en el templo epónimo dedicado a Hathor y conservado actualmente en el Louvre.

Zodíaco de Dendera

Durante su larga estancia en tierras egipcias, el zodíaco de los astrólogos se vio sobrecargado con 36 subdivisiones suplementarias. Los egipcios conocían perfectamente los cinco planetas visibles a simple vista, pero no se habían preocupado por ellos y sólo tenían ojos para las estrellas, que les servían para marcar el tiempo.

La noche estaba dividida en doce horas cuya sucesión seguían gracias a 36 estrellas o grupos de estrellas de referencia, las decanes. Su orto helíaco, poco antes que el Sol, señalaba el comienzo –o el final, en realidad no sabemos mucho de ello- de cada una de las horas de la noche.

Conocemos el nombre de las decanes –los Dos Espíritus, las Dos Tortugas, la Oveja, los Hijos de la Oveja, el que se halla bajo la grupa de la Oveja,etc- pero sólo dos de ellas han sido identificadas de manera formal: Sirio y las estrellas del cinturón de Orión.

Astronomía (Ciencia)/Astrología (Pseudociencia): Vida y muerte del Zodíaco.

 

La astronomía (del griego: αστρονομία = άστρον + νόμος, etimológicamente la “ley de las estrellas”) es la ciencia que se ocupa del estudio de los cuerpos celestes, sus movimientos y los fenómenos ligados a ellos. Su registro y la investigación de su origen viene a partir de la información que llega de ellos a través de la radiación electromagnética o de cualquier otro medio. La astronomía ha estado ligada al ser humano desde la antigüedad y todas las civilizaciones han tenido contacto con esta ciencia. Personajes como Aristóteles, Tales de Mileto, Anaxágoras, Aristarco de Samos, Hiparco de Nicea, Claudio Ptolomeo, Hipatia de Alejandría, Nicolás Copérnico, Santo Tomás de Aquino, Tycho Brahe, Johannes Kepler, Galileo Galilei, Isaac Newton han sido algunos de sus cultivadores.

No debe confundirse a la Astronomía con la astrología. Aunque ambas comparten un origen común, son muy diferentes. La Astronomía es una ciencia: los astrónomos siguen el método científico. La astrología, que se ocupa de la supuesta influencia de los astros en la vida de los hombres, es una pseudociencia: los astrólogos siguen un sistema de creencias no probadas o abiertamente erróneas; por ejemplo, no tienen en cuenta la precesión de los equinoccios, un descubrimiento que se remonta a Hiparco de Nicea.

Vida y muerte del Zodíaco

 

El zodíaco (-círculo de los animales- en griego) es, al mismo tiempo, la más familiar y la menos comprendida de todas las conquistas de la astronomía y está en la actualidad irremediablemente asociado a la astrología. Sin embargo, su historia se confunde con la de la astronomía desde los primeros intentos de ordenar el cielo con el establecimiento de las constelaciones, hasta el triunfo de la geometría griega.

 

En su origen, el zodíaco no era más que una simple serie de dieciocho constelaciones definida en el milenio I a.C. en Mesopotamia a partir de la observación por parte de sacerdotes que buscaban en los astros el mensaje oculto de los dioses.

Esta guirnalda de estrellas (estrellas fijas), en la que aparentemente se movían los planetas, se transformó, por la gracia del espíritu griego, en un precioso anillo de doce signos que permitió el desarrollo de la astronomía matemática y de los horóscopos. Hijo de la alianza contra natura entre la razón y las creencias, entre el cielo eterno y el hombre mortal, el zodíaco debía su legitimidad sólo al ojo humano que, basándose en los movimientos de los astros, había construido en el siglo V a.C. un Universo en el que todo el cielo giraba alrededor de la Tierra.

 

El hombre confiando en sí mismo, se creyó el corazón de la rueda de los signos, el punto hacia el que convergían las miradas astrales y se elevó a las dimensiones del cosmos, situando su ser, su futuro y su psique en el zodíaco.

Durante los siglos XVI y XVII se percató de que había sido engañado por los astros, tomando por verdadero lo que sólo era una ilusión, confundiendo movimiento y reposo, apariencias y realidad, formas y sugestiones. El cerrado mundo de los griegos fue devorado por el infinito, y el zodíaco, con su estructura socavada por la mecánica que, en adelante, gobernaría los astros, fue declarado en estado de muerte astronómica.

El Zodiaco.- es una zona limitada por dos planos paralelos a la Eclíptica, cuya distancia angular es 16º. Y que contiene a las doce constelaciones. Todos los planetas (excepto Plutón) tienen órbitas cuya inclinación respecto de la Eclíptica es menor de 8º, por lo que dentro del zodiaco se mueven los planetas del Sistema Solar, así como los asteroides o planetas menores.