Máscaras: Del uso de las “redes”

Máscaras

El móvil, es solo, un artefacto; podemos darle dos patadas o tirarlo a la basura y el Sol seguirá naciendo mañana, nuestro corazón seguirá latiendo, nuestra vida seguirá fluyendo y aún, puede, que, con más calidad; al menos, con otro sentido de SER y alegría de VIVIR.

Pero, cuando nuestra relación con el móvil (redes sociales varias) se convierte en un elemento de nuestra vida de primer orden, que rige el devenir de nuestro día a día, que condiciona y determina nuestros actos, que nos aísla en un mundo (virtual) lleno de falsedades enmascaradas, (hay público -mucho público- en las redes que lo primero que hace al despertar y lo último que hace antes de dormir es saludar a las redes como si de un amante se tratara) es el móvil quien nos está dando las dos patadas a nosotros mientras él sigue funcionando; es cuando estamos poniendo en riesgo nuestra estabilidad emocional, de manera absurda y vacua.

El valor del HACER es tan íntimo, que, cuando todo lo que hacemos (bueno o malo) está orientado y condicionado por la “publicación” de ese HACER en los medios o redes, todo lo hecho ha perdido su sentido y es baldío y además se convertirá en un pesado lastre que obstaculizará el reconocimiento de nuestra realidad, y, por tanto, de nosotros mismos, pues todo lo hecho se despoja de su valor en el camino a su publicación, quedándonos, cada vez más, huérfanos de nuestro HACER, más vacíos. Pareciera que, si no publicamos lo que hacemos, es como si no lo hubiésemos hecho (increíble pero cierto). O, que si no publicamos nuestras vacaciones (sea un ejemplo) es como si no hubiésemos tenido vacaciones… y tantos ejemplos más.  

Cuando “publicamos” nuestros sentimientos y ponemos en manos de los demás tan íntimo sentir, es cuando los sentimientos pierden toda su verdad, toda su nobleza y la nuestra con ellos.

Cuando nuestra salud (mental y física), nuestro ánimo o nuestros problemas (todos los tenemos) los ponemos en manos de “frases milagrosas”, de libros de “auto recuperación” (abominable negocio), o en manos de los nuevos llamados “sanadores” (los hay de todas las sectas, y bien digo sectas, pues son organizaciones perfectamente establecidas en las redes, desde los sanadores de la “sacra geometría” a los sanadores “christicos”, curas venidos a menos con otros intereses cobijados en caras bobaliconas -la pasta es la pasta-), que sanan (y no gratis) con “bendiciones”, en definitiva: cuando nos exponemos y nos ponemos en manos de las redes, no es que tengamos o presentemos, solo, un déficit de cultura humanística y científica, es que tenemos un déficit de sentido de lo crítico, un déficit de sentido común, un déficit de personalidad, es algo peor, es que estamos poniendo nuestras decisiones en manos de “gente” absolutamente inepta y que solo buscan (sin anestesia) aprovecharse económicamente (y de otras formas muy dudosas) de la coyuntura emocional de personas que se encuentran ya “seducidas” , dependientes y adictas a lo virtual donde nada es transitivo ni real. Una farsa que además hace muchísimo daño no sólo a quienes se someten libremente, sino a terceros.

Es, cuando los “likes”, los “corazoncitos”, las “lágrimas con corazones”, las frases de los arrogantes, y un sinfín de estúpidos (nada ingenuos) símbolos, se convierten en medicación insaciable para curar nuestro ”EGO” en el sentido más soez; son como las “pastillitas” de la risa…por eso cuesta tanto irse a dormir sin que lo último que hagamos sea despedirnos de las redes, porque a veces, no hemos recibido la dosis necesaria de esa falsa recompensa (medicación-emoticonos) que nos hace cada vez más enfermizamente narcisistas y dependientes.

Antes de comenzar un replanteamiento de nuestro existir o cualquier nuevo proyecto de nuestro HACER, es más que necesario, imprescindible (con toda su fuerza), abandonar este uso de las redes, este mundo siempre ajeno a la realidad y lleno de peligros para nuestra salud. Yo quiero amistades, pero no “amistades peligrosas”; Yo quiero amistades REALES no enmascaradas en lo virtual. Yo quiero conjugar en presente de indicativo el verbo SER/ESTAR (yo soy, tú eres, él es…yo estoy, tú estás, él está…pero de VERDAD). JIJI y JAJA no es la vida. Otra cosa es que queramos seguir viviendo en los mundos de YUPY con todos los respetos a YUPY y con todas sus consecuencias.

Cabe preguntarse, ¿podría utilizarse el tiempo (tan valioso) que “gastamos” en el mundo de lo virtual, en algo que nos proporcione algo de verdad, belleza, armonía… en definitiva, bienestar y sentido a nuestro existir? Algo más saludable, vaya. Yo estoy seguro que sí.

Desde la amura

“Sobre el deseo, el destino y la realidad”
Pretender que las cosas sean como las deseamos y no desearlas como son es, a veces, una errónea ambición que se instala en el equipaje de nuestro viaje de vida y que nos proporciona, en más de una ocasión, un estado de duda y desconcierto que solo ayuda a generar una ansiedad inmotivada, que condiciona nuestro tiempo vital y nos hace rechazar la realidad para cobijarnos en la soledad de lo que hoy llaman “zona de confort”, alejándonos más y más del disfrute sereno de lo cercano y real y que sí está al alcance de nuestro deseo. Y es que no podemos pasar la vida a la espera de lo azaroso, a la espera del gusto de los otros, no podemos caer en la creencia de que valemos tanto como nos aplaudan los demás, pues ese aplauso (likes), a veces, enmascara otras intenciones, otros intereses (de todo tipo) a cambio. El sabio Cervantes ya nos alumbraba que el hombre mismo es el dueño de su destino y que nada esencial de su vida debiera ponerse en manos de lo ajeno (menos aún, en manos de las redes). 
De ahí, que los deseos deben estar acordes a la realidad; sólo desde la inmadurez podemos desear lo que no se conoce pero, menos aún, lo que no existe o es literalmente imposible. 
A veces tenemos tendencia a confundir destino con azar -eso que, no sin razón, llamaba el insigne H. Poincaré como la medida de la ignorancia del hombre-; en más de una ocasión proponía esta cuestión a debate en mis clases cuando tenía que presentar (explicar) los fenómenos deterministas y no deterministas. Y destino y azar no solamente no son sinónimos, sino que son absolutamente antónimos. Poner nuestro tiempo al pairo del azar es perderlo absolutamente y sin remisión.
El destino no es un final, como pudiera parecer, el destino está conviviendo a diario con nosotros mismos; el destino lo vivimos en cada momento que es esencial en nuestra vida y no se concentra, en lo que los predicadores (nuevos sanadores del alma en las redes) de moda, llaman final feliz.
De este modo, el deseo (los deseos) y el destino esculpen nuestro existir y lo hacen en base a la realidad, de manera que todo aquello que basemos en el imaginario virtual estará condenado a convertirse en una frustración más, y nos embaucará en un bucle emocional que no sirve más que para alimentar los “DESEOS” (entrecomillo adrede) de los grandes TRUST de la comunicación y redes sociales que manejan esta sociedad inerme y obediente, por no decir dependiente, y que nos llevan a encadenarnos a una pantalla, donde creemos encontrar y satisfacer (con una creencia ciega) nuestros imposibles deseos. 

Nunca la sociedad ha sido tan enfermiza de narcisismo.
Y, es la edad, y no otra cosa, la que me lleva a este estado de aceptable nihilismo, en el que solo creo y deseo lo que realmente vivo y siento, lo que encuentro en lo cercano, lo sencillo, no lo que me insinúan, los medios de comunicación ni las más hábiles redes (nunca mejor dicho lo de redes) sociales, conductoras a la más atroz de las soledades, pues, la soledad -quedarse solo un tiempo- puede ser una buena herramienta para descansar nuestra mente, para desintoxicarnos de tanto bullicio estresante, pero la soledad no es el mejor lugar para quedarse a esperar que se cumplan los deseos que utópicamente nos obligan a obtener como si de trofeos se tratara.
C.R. Ipiens.

Museo de Málaga (Arqueología)

IMGP0145
Cabeza de Musa de Churriana, Mármol tallado. 190 x 130 mm. Siglos I-II. d.C. Procedencia: Churriana, Málaga.

A modo de visita virtual presento en este vídeo un breve resumen  de lo expuesto en el contenido arqueológico del Museo de Málaga (Ver en este Blog. Entrada anterior).


Imágenes y Edición: ©C.R. Ipiéns