Las Furias. De Tiziano a Ribera (Museo del Prado)

Las Furias. De Tiziano a Ribera.
Las Furias. De Tiziano a Ribera.

LAS FURIAS Y LA CASTRACIÓN DE URANO.

La Castración de Urano. Hacia 1560. Giorgio Vasari y Christofano Gherardi. Sala de Cosimo I. Palazzo Vecchio, Florencia.
La Castración de Urano. Hacia 1560. Giorgio Vasari y Christofano Gherardi. Sala de Cosimo I. Palazzo Vecchio, Florencia.

“Urano engendró a los Titanes en la Madre Tierra después de haber arrojado a sus hijos rebeldes, los Cíclopes, al Tártaro, lugar tenebroso en el mundo subterráneo que se halla a la misma distancia de la tierra que la tierra del cielo; un yunque que cayera tardaría nueve días en llegar a su fondo. En venganza, la Madre Tierra incitó a los Titanes a que atacaran a su padre, y ellos lo hicieron, encabezados por Crono, el más joven de los siete, al que ella armó con una hoz de pedernal. Sorprendieron a Urano mientras dormía y fue con esa hoz de pedernal con lo que le castró el cruel Crono, asiendo sus órganos genitales con la mano izquierda (la que desde entonces ha sido la mano de mal agüero), y luego los arrojó al mar  junto con la hoz, desde el cabo Drépano. Pero algunas gotas de la sangre que fluía de la herida cayeron sobre la Madre Tierra, y ésta dio a luz a las Tres Erinias, Furias que vengan los crímenes de parricidio y perjurio y se llaman Alecto, Tisífone y Megera”.

Así, las Furias eran unos personajes femeninos, personificación del castigo y la venganza, encargados de velar porque los condenados en el Hades cumplieran sus castigos.

Concluida su lucha contra los Titanes  y encerrados éstos en el Tártaro – salvo la posible huida de Crono, para perpetrar la castración de Urano anteriormente descrita- los tres hermanos vencedores procedieron al reparto del mundo; en palabras de Homero, Zeus obtuvo “el ancho cielo en el Éter y en las nubes”; Poseidón, “el canoso mar”, y Hades hubo de contentarse con “el tenebroso Occidente” y el mundo subterráneo, al que se le identifica con el mismo nombre: El Hades.

Fue –acaso en el II milenio a.C.-, cuando en Grecia, sin duda por influjo egipcio o mesopotámico, se empezó a imaginar un reino de los muertos, un Más Allá o unos infiernos y es el Hades ese lugar preciso. En cuanto a la suerte que allí corriesen las almas de los difuntos, se discutía sobre ella y sobre la forma de mejorarla.

Aclarada la puridad de las Furias y conocido el recinto de los difuntos (el Hades), En España se conoció como Furias a cuatro moradores del Hades greco-latino, al que habían sido condenados por haber desafiado a los dioses: Ticio, cuyo hígado devoraba un buitre por intentar violar a una amante de Zeus; Tántalo, castigado a procurarse en vano alimento por servir a su hijo de festín a los dioses; Sísifo, condenado a portar una enorme piedra por haber delatado las infidelidades de Zeus; e Ixión, castigado a dar vueltas sin fin en una rueda por querer seducir a Hera. El título Furias es en realidad fruto de una confusión.

Las Furias aparecen como conjunto en la historia del arte en 1548, cuando María de Hungría encargó a Tiziano para su palacio de Binche, a las afueras de Bruselas, cuatro lienzos con los personajes de Ticio, Tántalo, Sísifo e Ixión identificados como los príncipes alemanes que se habían alzado contra su hermano, el emperador Carlos V, y a quienes había derrotado un año antes en Mülhberg.

Durante los 120 años posteriores al encargo de María de Hungría a Tiziano, el tema de las Furias disfrutó de notable fortuna y asumió otros significados además del político inicial. Desde finales siglo XVI se consideró un asunto idóneo para ilustrar la dificultad máxima en el arte al tratarse de enormes figuras desnudas en complicados escorzos y representar el dolor extremo, de ahí que fueran elegidas por grandes artistas como Rubens y Goltzius o Van Haarlem para demostrar su talento, o Ribera y Rombouts para visualizar la estética del horror que recorría entonces Europa. Sin embargo, tras su apogeo napolitano con Ribera y veneciano con Langetti, hacia 1680 la temática de las Furias comenzaba a dar signos de agotamiento hasta ser reemplazada en 1700 por otros asuntos que permitían a los pintores planteamientos similares.

También cabe hacer una importante advertencia: el castigo de Prometeo se parece tanto al de Ticio, que sus representaciones pueden llegar a confundir estos dos mitos, induciendo a error a artistas y estudiosos.

Prometeo:

Gregorio Martínez (1547-1598), Prometeo encadenado, hacia 1590-1596, Óleo sobre lienzo, 173 x 223 cm, Museo Nacional del Prado.
Gregorio Martínez (1547-1598), Prometeo encadenado, hacia 1590-1596, Óleo sobre lienzo, 173 x 223 cm, Museo Nacional del Prado.

Al menos desde Hesiodo, la vida de los primeros hombres aparece vinculada de forma indisoluble a Prometeo, que suele ser considerado un Titán por ser hijo del Titán Jápeto y de la Oceánide Clímene. Según relata la Teogonía, este grandioso personaje, cuya inteligencia se revela en su propio nombre –“el que piensa antes”-, fue quien, durante la Titanomaquia, supo dotar a la humanidad de fórmulas de supervivencia frente al terrible y creciente poder de Zeus: al instituirse el sacrificio cruento que los hombres ofrecerían a los dioses, “puso de un lado la carne, las ricas vísceras y la grasa, cubriéndolas con la piel…; del otro lado, recogiendo los blancos huesos del buey con falaz astucia, los disimuló cubriéndolos con brillante grasa”. Al escoger Zeus la segunda parte, los hombres se aseguraron, para su sustento, la carne y las pieles de los animales sacrificados.

Zeus, irritado por esta acción, negó a los hombres la “infatigable llama del fuego”; pero “de nuevo le burló el sagaz hijo de Jápeto, pues escondió… el infatigable fuego en una caña hueca” (teogonía, 563-566), tomándolo del Olimpo, de la fragua de Hefesto (Vulcano)o del carro del Sol, y se lo entregó de nuevo a los hombres para que pudiesen de las alimañas y cocinar sus alimentos. Prometeo, en una palabra, se atrevía, una y otra vez, a desafiar al orgulloso vencedor de la Titanomaquia para proteger a los mortales desvalidos, por los que el dios triunfante no tenía la menor inclinación.

Actitud tan provocadora tuvo un castigo brutal: mediante la ayuda de Hefesto, que se hizo acompañar en esta ocasión por la violencia (Bía) y la Fuerza (Krátos), Zeus “ató a Prometeo, el abundante en recursos, con irrompibles ligaduras y dolorosas cadenas…, y lanzó sobre él su áquila de amplias alas: ésta le comía el hígado inmortal, que durante la noche crecía en la misma proporción” (Teogonía 522-525). Y así permaneció el hijo de Jápeto varios siglos atado a una columna o roca del Caúcaso hasta que, pasando por allí Heracles (Hércules), se apiadó de él, lanzó flechas contra el águila y liberó al prisionero de sus ligaduras.

De todas las almas de difuntos del Hades destacan, sin embargo, la de los “grandes condenados”, que no faltan en ninguna descripción antigua de los infiernos: su objetivo es de servir de ejemplo y aleccionamiento para evitar los mayores pecados y, en particular el de hybris o desmesurado orgullo frente a los dioses. En la Antigüedad, estos personajes sufrientes suelen aparecer formando un grupo en las figuraciones de los infiernos; en la Edad Moderna, lo normal es que compongan ciclos de pinturas o de grabados (como se presenta en esta exposición)  o bien en la ilustración de textos que describen sus suplicios.

Ticio:

Ticio; Miguel Ángel Buonarroti. Carbón y tiza negra sobre papel, 33 x 19 cm. 1532. Londres, Royal Collection Trust / ©Her Majesty Queen Elizabeth II 2014.
Ticio; Miguel Ángel Buonarroti. Carbón y tiza negra sobre papel, 33 x 19 cm. 1532. Londres, Royal Collection Trust / ©Her Majesty Queen Elizabeth II 2014.

Fue un hijo ilegítimo de Zeus (Júpiter), y que fue ocultado por éste, antes de nacer, en el seno de Gea (la Tierra), lo que le dio el aspecto de un terrible gigante. Hera (Juno) inspiró a este ser un irrefrenable deseo de violar a Leto (Latona), de modo que tuvieron que intervenir los hijos de ésta –Apolo y Artemis- para darle muerte. Una vez muerto Ticio quedó tendido en el suelo del Hades, y unas serpientes, buitres o águilas devoran su hígado, que renace con las fases de la luna.

Sísifo:

Sísifo. Tiziano,Vecellio di Gregorio. Óleo sobre lienzo, 237 x 216 cm. 1548 – 1549. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Sísifo. Tiziano,Vecellio di Gregorio. Óleo sobre lienzo, 237 x 216 cm. 1548 – 1549. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Junto a Ticio suele aparecer Sísifo, el inteligente fundador de Corinto y padre del dios marino Glauco, también fue el fundador de los Juegos Ístmicos : se contaba de él que marcó la pezuña de todas sus reses, de modo que pudo descubrirlas cuando se las robaron; sin embargo, su propio ingenio acabó traicionándolo: en una ocasión, le reveló al dios-río Asopo dónde se había llevado Zeus a su hija Egina, logrando a cambio que éste hiciese brotar una fuente en Corinto. Pero lo más imperdonable fue su asombrosa resistencia ante la muerte: cuando Tánato iba a llevárselo, lo apresó, logrando que nadie muriese durante algún tiempo; después, cuando Zeus le impuso soltar a su prisionero y acompañarlo al Hades, hizo prometer a su esposa que no le tributaría los honores fúnebres debidos; de este modo, pudo volver a su casa y vivir unos años más. Era más de lo que Zeus podía soportar: en el Hades, Sísifo fue condenado a empujar continuamente una roca hasta lo alto de una colina, aún sabiendo que, inmediatamente, esta roca rodaría de nuevo hacia abajo.

Tántalo:

Tántalo. Giulio Sanuto. Grabado, 44,2 x 34,1 cm. 1565. Budapest, Szépművészeti Múzeum
Tántalo. Giulio Sanuto. Grabado, 44,2 x 34,1 cm. 1565. Budapest, Szépművészeti Múzeum

Un gran monarca de Frigia, padre de Pélope y de Níobe, a la que a veces acompaña, en vasos del siglo IV a.C. , ante la tumba de sus hijos. Fue al principio tan querido por los dioses, que éstos le invitaban a sus banquetes; pero este privilegio le hizo engreído: sin la menor discreción revelaba a los mortaleslo que decían los olímpicos en sus reuniones, y hasta bajó a la tierra néctar y ambrosía para que sus amigos probases estos manjares divinos. El castigo qye recibió en los infiernos fue muy apropiado para este último crimen: sumergido en una laguna hasta el cuello, el agua huía de su boca cada vez que quería beber y, por mucho que se esforzase, nunca podía alcanzar las frutas que colgaban sobre su cabeza, porque las ramas se elevaban para impedirlo.

Ixión:

Ixión. Cornelisz van Haarlem. Óleo sobre lienzo, 192 x 152 cm. 1588. Rotterdam, Museum Boijmans van Beuningen.
Ixión. Cornelisz van Haarlem. Óleo sobre lienzo, 192 x 152 cm. 1588. Rotterdam, Museum Boijmans van Beuningen.

Se añade a estos “grandes condenados” Ixión, rey de los lapitas. Este personaje entra en la literatura a finales del siglo VI a.C., y su leyenda tiene gran éxito en la tragedia ateniense. Inició su carrera criminal negándole a su suegro los presentes de boda prometidos y matándolo después. Esto lo volvió loco –sin duda por la acción de las Erinias (Furias)- pero Zeus se apiadó de él y lo purificó. Sin embargo, Ixión se mostró tan desagradecido que intentó violar a Hera, y lo hubiera logrado si ella no hubiera interpuesto una nube con su figura para evitarlo (Tema tratado por P.P. Rubens, 1615. y por H. Füssli, 1809). Fue la nube, por tanto, la que quedó fecundada por Ixión y de este modo nació Centauro, origen de toda la raza de los centauros. Tras tantos desatinos, Ixión fue juzgado y atado por Hefesto a una rueda incendiada que gira sin cesar.

Presentación de la obra expuesta en esta magnífica exposición del Museo Nacional del Prado:

Ticio; Miguel Ángel Buonarroti. Carbón y tiza negra sobre papel, 33 x 19 cm. 1532. Londres, Royal Collection Trust / ©Her Majesty Queen Elizabeth II 2014.
Ticio; Miguel Ángel Buonarroti. Carbón y tiza negra sobre papel, 33 x 19 cm. 1532. Londres, Royal Collection Trust / ©Her Majesty Queen Elizabeth II 2014.
Ticio devorado por el buitre. Anónimo italiano (Nicolás Beatrizet). Grabado buril, 30,5 x 45 cm. S. XVI. Madrid, Biblioteca Nacional de España.
Ticio devorado por el buitre. Anónimo italiano (Nicolás Beatrizet). Grabado buril, 30,5 x 45 cm. S. XVI. Madrid, Biblioteca Nacional de España.
Gregorio Martínez (1547-1598), Prometeo encadenado, hacia 1590-1596, Óleo sobre lienzo, 173 x 223 cm, Museo Nacional del Prado.
Gregorio Martínez (1547-1598), Prometeo encadenado, hacia 1590-1596, Óleo sobre lienzo, 173 x 223 cm, Museo Nacional del Prado.
Tántalo. Giulio Sanuto. Grabado, 44,2 x 34,1 cm. 1565. Budapest, Szépművészeti Múzeum
Tántalo. Giulio Sanuto. Grabado, 44,2 x 34,1 cm. 1565. Budapest, Szépművészeti Múzeum
Sísifo. Tiziano,Vecellio di Gregorio. Óleo sobre lienzo, 237 x 216 cm. 1548 – 1549. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Sísifo. Tiziano,Vecellio di Gregorio. Óleo sobre lienzo, 237 x 216 cm. 1548 – 1549. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Ticio. Tiziano, Vecellio di Gregorio. Óleo sobre lienzo, 253 x 217 cm. 1548 – 1549. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Ticio. Tiziano, Vecellio di Gregorio. Óleo sobre lienzo, 253 x 217 cm. 1548 – 1549. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Ticio. Cornelis Cort. Grabado, 45 x 37 cm. 1566. Madrid, Biblioteca Nacional de España.
Ticio. Cornelis Cort. Grabado, 45 x 37 cm. 1566. Madrid, Biblioteca Nacional de España.
Ticio. Cornelisz van Haarlem. Tinta sobre papel, 36 x 26,8 cm. 1588. Viena, Graphische Sammlung Albertina.
Ticio. Cornelisz van Haarlem. Tinta sobre papel, 36 x 26,8 cm. 1588. Viena, Graphische Sammlung Albertina.
Ticio. Goltzius Haarlem. Óleo sobre lienzo, 125 x 105 cm. 1613. Frans Hals Museum.
Ticio. Goltzius Haarlem. Óleo sobre lienzo, 125 x 105 cm. 1613. Frans Hals Museum.
Prometeo encadenado. Pedro Pablo Rubens y Frans Snyders. Óleo sobre lienzo, 242,6 x 209,5 cm. Alrededor de 1611. Filadelfia, Philadelphia Museum of Art.
Prometeo encadenado. Pedro Pablo Rubens y Frans Snyders. Óleo sobre lienzo, 242,6 x 209,5 cm. Alrededor de 1611. Filadelfia, Philadelphia Museum of Art.
Detalle 1
Detalle 1
Detalle 2.
Detalle 2.
Ixión. Cornelisz van Haarlem. Óleo sobre lienzo, 192 x 152 cm. 1588. Rotterdam, Museum Boijmans van Beuningen.
Ixión. Cornelisz van Haarlem. Óleo sobre lienzo, 192 x 152 cm. 1588. Rotterdam, Museum Boijmans van Beuningen.
Tántalo. Cornelisz van Haarlem / Goltzius, Heindrick. Grabado, 31 cm diámetro. 1562 – 1638. Ámsterdam, Rijksmuseum.
Tántalo. Cornelisz van Haarlem / Goltzius, Heindrick. Grabado, 31 cm diámetro. 1562 – 1638. Ámsterdam, Rijksmuseum.
Ixión. Cornelisz van Haarlem / Goltzius, Heindrick. Grabado, 33 cm diámetro. 1562 – 1638. Ámsterdam, Rijksmuseum.
Ixión. Cornelisz van Haarlem / Goltzius, Heindrick. Grabado, 33 cm diámetro. 1562 – 1638. Ámsterdam, Rijksmuseum.
Faetón. Cornelisz van Haarlem / Goltzius, Heindrick. Grabado, 33,5 cm diámetro. 1562 – 1638. Ámsterdam, Rijksmuseum.
Faetón. Cornelisz van Haarlem / Goltzius, Heindrick. Grabado, 33,5 cm diámetro. 1562 – 1638. Ámsterdam, Rijksmuseum.
Ícaro. Cornelisz van Haarlem / Goltzius, Heindrick. Grabado, 34,2 cm diámetro. 1562 – 1638. Ámsterdam, Rijksmuseum.
Ícaro. Cornelisz van Haarlem / Goltzius, Heindrick. Grabado, 34,2 cm diámetro. 1562 – 1638. Ámsterdam, Rijksmuseum.
Prometeo. Theodoor Rombouts. Óleo sobre lienzo, 154 x 222,5 cm. Bruselas, Royal Museum of Fines Arts of Belgium.
Prometeo. Theodoor Rombouts. Óleo sobre lienzo, 154 x 222,5 cm. Bruselas, Royal Museum of Fines Arts of Belgium.
Ixión. José de Ribera. Óleo sobre lienzo, 220 x 301 cm. 1632. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Ixión. José de Ribera. Óleo sobre lienzo, 220 x 301 cm. 1632. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Ticio. José de Ribera. Óleo sobre lienzo, 227 x 301 cm. 1632. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Ticio. José de Ribera. Óleo sobre lienzo, 227 x 301 cm. 1632. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Estudio de narices y bocas. José de Ribera. Grabado, 13,9 x 21,3 cm. 1622. Colección particular.
Estudio de narices y bocas. José de Ribera. Grabado, 13,9 x 21,3 cm. 1622. Colección particular.
Sísifo. Antonio Zanchi. Óleo sobre lienzo, 110,4 x 119,8 cm. 1660 – 1665. La Haya, Mauritshuis.
Sísifo. Antonio Zanchi. Óleo sobre lienzo, 110,4 x 119,8 cm. 1660 – 1665. La Haya, Mauritshuis.
Tántalo. Giovanni Battista Langetti. Óleo sobre lienzo, 97 x 118 cm. Venecia, Ca Rezzonico.
Tántalo. Giovanni Battista Langetti. Óleo sobre lienzo, 97 x 118 cm. Venecia, Ca Rezzonico.
Ixión. Giovanni Battista Langetti. Óleo sobre lienzo, 193,6 x 258,4 cm. Puerto Rico, Museo de Arte de Ponce.
Ixión. Giovanni Battista Langetti. Óleo sobre lienzo, 193,6 x 258,4 cm. Puerto Rico, Museo de Arte de Ponce.
Prometeo. Luca Giordano. Óleo sobre lienzo, 186 x 132 cm. Budapest, Szépművészeti Múzeum.
Prometeo. Luca Giordano. Óleo sobre lienzo, 186 x 132 cm. Budapest, Szépművészeti Múzeum.
Tántalo. Gioacchino Assereto. Óleo sobre lienzo, 117 x 101 cm. Graz, Universalmuseum Joanneum.
Tántalo. Gioacchino Assereto. Óleo sobre lienzo, 117 x 101 cm. Graz, Universalmuseum Joanneum.
El suplicio de Prometeo. Salvator Rosa. Óleo sobre lienzo, 224 x 179. 1646 – 1648. Galeria Nazionale d´Arte Antica Palazzo Corsini.
El suplicio de Prometeo. Salvator Rosa. Óleo sobre lienzo, 224 x 179. 1646 – 1648. Galeria Nazionale d´Arte Antica Palazzo Corsini.
El suplicio de Prometeo. Gioacchino Assereto. Óleo sobre lienzo, 83 x 69,5 cm. Douai, Museé de la Chartreusse.
El suplicio de Prometeo. Gioacchino Assereto. Óleo sobre lienzo, 83 x 69,5 cm. Douai, Museé de la Chartreusse.

Acompaño esta entrada con el vídeo de presentación del propio Museo del Prado.

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El Juicio de Paris en la Pintura. (La Boda de Tetis y Peleo)

Sandro Botticelli, El Juicio de Paris,entre1483 y 1485. Temple sobre tabla. 197× 81 cm. Fondazione Giorgio Cini, Venecia.
Sandro Botticelli, El Juicio de Paris,entre1483 y 1485. Temple sobre tabla. 197× 81 cm. Fondazione Giorgio Cini, Venecia.

La Boda de Tetis y Peleo junto con El Juicio de Paris, pueden considerarse como uno de los antecedentes más importantes del universo mitológico: La Guerra de Troya.

Jan Sadeler (1550–1600), Boda de Tetis y Peleo. Óleo sobre lienzo, 24x33,5cm.
Jan Sadeler (1550–1600), Boda de Tetis y Peleo. Óleo sobre lienzo, 24×33,5cm.

Muy en resumen:
La boda de Tetis y Peleo se celebró en el monte Pelión y a ella asistieron todas las deidades: allí los dioses celebraron el matrimonio con un banquete. Apolo tocó la lira y las Musas cantaron, cuenta Píndaro. En la boda Quirón le regaló a Peleo una lanza de madera de fresno y Poseidón los caballos inmortales, Janto y Balio.
Sin embargo Eris (En la mitología griega Eris o Éride (en griego antiguo Ἒρις) es la diosa de la discordia. En la mitología romana, su equivalente es Discordia. Su opuesta en la mitología griega era Harmonía; y en la romana, Concordia) no había sido invitada. En venganza, arrojó una manzana dorada en la que decía «para la más hermosa». La manzana fue reclamada por Hera, Atenea y Afrodita. Zeus resolvió el asunto nombrando árbitro a Paris, un príncipe de Troya, que había sido criado como pastor a raíz de una profecía, según la cual sería el causante de la caída de Troya.
Las diosas quisieron sobornar a Paris: Atenea le ofreció sabiduría, destreza en la batalla y las habilidades de los grandes guerreros; Hera le ofreció poder político y el control de toda Asia, y Afrodita le ofreció el amor de la mujer más bella del mundo. Paris concedió la manzana a Afrodita, y regresó a Troya.
Helena tenía muchos pretendientes, y Tíndaro estaba poco dispuesto a elegir uno por miedo a que los otros tomasen represalias. Finalmente, uno de los pretendientes, Odiseo de Ítaca (Ulises en la mitología romana) propuso un plan. Hizo prometer a todos defender el matrimonio de Helena con quien ella eligiese. Ella eligió a Menelao, quien humildemente no hizo la petición por sí mismo, sino enviando a su hermano Agamenón en su lugar.
Enviado a hacer tratos diplomáticos a Esparta, Paris se enamoró de Helena y, con la ayuda de Afrodita, la raptó o la sedujo, y la llevó de regreso a Troya como esposa. Todos los reyes y príncipes de Grecia fueron llamados a cumplir su juramento y recuperarla. Cumpliéndose el ofrecimiento de Afrodita que ayudaría siempre a Paris y, por otra parte la venganza de Hera y Atenea, comienza la Guerra de Troya. En esta entrada, presento las variadas formas que este hecho mitológico ha sido tratado a lo largo de la historia de la pintura. Espero que sea de vuestro agrado.

La Boda de Tetis y Peleo: Personajes.

Tetis

En la mitología griega, Tetis (en griego antiguo Θέτις), la de los pies argénteos, es una ninfa del mar, una de las cincuenta nereidas, hijas del «anciano dios de los mares» (ἅλιος γέρων: halios geron), Nereo, y de la oceánide Doris, y nieta de la titánide Tetis, con quien se la suele confundir. A veces también se confunde con ella a Temis, la encarnación de las leyes de la naturaleza. Fue educada por Hera, que siempre la ayudó.

Benjamin West (1738–1820), Thetis Bringing the Armor to Achilles, 1804. Óleo sobre lienzo.
Benjamin West (1738–1820), Thetis Bringing the Armor to Achilles, 1804. Óleo sobre lienzo.

Tetis es la madre de Aquiles con Peleo, rey de los Mirmidones.

Peleo

Peleo sujeta con fuerza a Tetis, cuando ella quiere convertirse en una serpiente para escapar. Tondo de una cerámica ática de figuras rojas kylix, ca. 490. antes de Cristo. De Vulci, Etruria.
Peleo sujeta con fuerza a Tetis, cuando ella quiere convertirse en una serpiente para escapar. Tondo de una cerámica ática de figuras rojas kylix, ca. 490. antes de Cristo. De Vulci, Etruria.

Peleo (griego antiguo Πηλεύς, Pēleús) en la mitología griega fue el padre de Aquiles, por lo cual Aquiles es llamado a veces Pelida. Era hijo de Éaco y de Endeis, reyes de los mirmidones de Egina, y nieto de Zeus y Egina (padre) y Escirón y Cariclo (madre).

Siendo el aún joven príncipe mirmidón, Peleo viajó a Yolcos, donde reinaba Acasto. Allí la mujer de éste, Astidamía, se enamoró de él. Sin embargo, Peleo la rechazó. Ante lo cual, presa del despecho, la reina le acusó ante su marido de intentar seducirla.

El rey, con intención de vengarse, invitó a Peleo a una cacería en sus territorios de la frontera norte del reino. En el transcurso de la cual, los hombres del rey le apresaron, le robaron su espada, valioso regalo de su padre, le ataron y abandonaron a su suerte, sin caballo y sin comida, en un territorio en el que vivían los centauros. El primero de estos seres con el que se encontró fue Quirón, de quien pronto se hizo amigo y le ayudó a regresar a su hogar. Ésta se convertiría en una amistad de por vida, y Peleo, conociendo la sabiduría de Quirón, más adelante le confiaría la educación de su hijo Aquiles.

Una vez de regreso y a salvo en su hogar del palacio de Egina, relató todo lo sucedido a su padre. Éste, furioso, le concedió el mando de su ejército. De ese modo regresó a Ftía, mató al rey y a la reina por su infamia y se adueñó definitivamente del país, el cual se convertiría en la nueva tierra de los mirmidones que le acompañaron.

Peleo luchando Thetis y sosteniéndola mientras ella se transforma en una serpiente. Cerámica Ática, ca. 460 antes de Cristo. Encontrado en Bomarzo.  Museo Louvre.
Peleo luchando Thetis y sosteniéndola mientras ella se transforma en una serpiente. Cerámica Ática, ca. 460 antes de Cristo. Encontrado en Bomarzo. Museo Louvre.

Cuando Peleo se enamoró de Tetis pidió consejo a Quirón para encontrar la forma de seducirla, ya que ella, como todas las nereidas, poseía el poder de cambiar de forma a su antojo. Quirón le recomendó que una vez que la atrapara no la soltase, sin importar en que se transformase. Así lo hizo, y cuando ésta se transformó en calamar, la atrapó por un brazo y no la soltó hasta que regresó a su forma de mujer, momento en el que Peleo pudo tomarla a la fuerza.

La boda Tetis y Peleo

Jacob Jordaens (1593–1678), La Boda de Tetis y Peleo, 1633. Óleo sobre lienzo, 181x288cm. Museo del Prado.
Jacob Jordaens (1593–1678), La Boda de Tetis y Peleo, 1633. Óleo sobre lienzo, 181x288cm. Museo del Prado.

Tanto Poseidón como Zeus estaban interesados en ella, pero una profecía de Temis reveló que su hijo sería más grande que su padre, así que arreglaron su matrimonio con un hombre mortal.

Los dioses enviaron a Iris (que es con Hermes mensajera de los dioses) para encontrar un mortal que quisiese unirse a Tetis. Iris fue a ver al centauro Quirón, uno de los más famosos sabios de la antigüedad, que más tarde sería tutor de Aquiles. Entre los discípulos de Quirón destacaba por su hermosura, inteligencia y valentía el joven Peleo, hijo de Éaco, a quien tenía en gran estima. Peleo cortejó a Tetis pero ésta, sintiéndose humillada por la imposición de los dioses, le rechazó. Ante esto Quirón aconsejó a Peleo que buscase a la ninfa del mar cuando estuviera dormida en la cueva a la que solía ir, y la atase fuertemente para evitar que escapase cambiando de forma. Lo que ella hizo, transformándose en llama y en un rugiente león (compárese con el dios del mar Proteo). Pero Peleo se mantuvo firme. Tetis consintió en casarse con él, aunque sin amor ni interés.

Abraham Bloemaert (1564–1651), La Boda de Tetis y Peleo, 1638.
Abraham Bloemaert (1564–1651), La Boda de Tetis y Peleo, 1638.

El Juicio de Paris.

Paris.

Testa di Paride con berretto frigio. Marmo greco insulare, copia romana di età adriana da un originale greco del IV sec. a.C. Dalla Domus Augustana, Palatino.
Testa di Paride con berretto frigio. Marmo greco insulare, copia romana di età adriana da un originale greco del IV sec. a.C. Dalla Domus Augustana, Palatino.

En la mitología griega, Paris (en griego antiguo Πάρις, también llamado Alejandro, en griego antiguo Αλέξανδρος, Aléxandros, ‘el protector del hombre’) fue un príncipe troyano, hijo del rey Príamo y de su esposa Hécuba. Paris fue conocido como «El de la hermosa figura».

Hécuba, reina de Troya, tuvo un sueño durante su embarazo: soñó que daría a luz a una antorcha que incendiaría la ciudad. Ésaco, hermanastro del futuro príncipe, poseía el don de interpretar los sueños y aconsejó que, a su nacimiento, abandonaran al recién nacido. Fue así como Príamo, el rey y padre de la criatura, ordenó a su criado Agelao que abandonara al pequeño en el Monte Ida. Agelao, en último momento, se apiadó del recién nacido y decidió criarlo como si fuera su hijo.

El pequeño creció con el nombre de Paris, y se hizo un joven guapo y fuerte que dominaba el arte de la música. Su primera historia de amor la vivió con la ninfa Enone, hija del dios-río Cebrén. Ella, que poseía el don de la profecía y la medicina, predijo que sería ella la única que podría salvarlo de una herida de muerte.

Grabado de Agostino Carracci: Paris y Enone (Paride ed Enone).
Grabado de Agostino Carracci: Paris y Enone (Paride ed Enone).

El Juicio de Paris

Como decíamos anteriormente, todos los dioses fueron invitados a la boda de Peleo y Tetis, excepto Eris. Ésta se presentó de improviso en la boda y dejó sobre la mesa una manzana de oro en la que estaba inscrita la palabra kallisti (‘para la más hermosa’). La manzana fue reclamada por Hera, Atenea y Afrodita. Zeus resolvió el asunto nombrando árbitro a Paris, el príncipe de Troya, que había sido criado como pastor a raíz de una profecía, según la cual sería el causante de la caída de Troya.

Las diosas quisieron sobornar a Paris: Atenea le ofreció sabiduría, destreza en la batalla y las habilidades de los grandes guerreros; Hera le ofreció poder político y el control de toda Asia, y Afrodita le ofreció el amor de la mujer más bella del mundo. Paris concedió la manzana a Afrodita, y regresó a Troya.

El Juicio de Paris en la Historia de la Pintura.

Peter Paul Rubens, El Juicio de Paris. Óleo en tabla de roble, 144,8x193,7 cm. National Gallery.
Peter Paul Rubens, El Juicio de Paris. Óleo en tabla de roble, 144,8×193,7 cm. National Gallery.
Peter Paul Rubens, El Juicio de Paris, 1638-1639. Óleo sobre tabla, 199 × 381 cm. Museo del Prado
Peter Paul Rubens, El Juicio de Paris, 1638-1639. Óleo sobre tabla, 199 × 381 cm. Museo del Prado
Peter Paul Rubens, El Juicio de Paris, 1597-1599. Óleo sobre lienzo, 144,8x193,7 cm. National Gallery.
Peter Paul Rubens, El Juicio de Paris, 1597-1599. Óleo sobre lienzo, 144,8×193,7 cm. National Gallery.
Lucas Cranach el Viejo (1472-1553), El Juicio de Paris, entre 1512 y 1514. Óleo sobre madera de tilo, 43x32,2cm. Museo de Arte Kimbell.
Lucas Cranach el Viejo (1472-1553), El Juicio de Paris, entre 1512 y 1514. Óleo sobre madera de tilo, 43×32,2cm. Museo de Arte Kimbell.
Lucas Cranach el Viejo (1472-1553), El Juicio de Paris, entre 1537 y 1540. Óleo sobre tabla, 49.9 × 35 cm. Royal Collection.
Lucas Cranach el Viejo (1472-1553), El Juicio de Paris, entre 1537 y 1540. Óleo sobre tabla, 49.9 × 35 cm. Royal Collection.
Lucas Cranach el Viejo (1472-1553), El Juicio de Paris, entre 1516 y 1518. Óleo sobre tabla, 63.5 × 41.9 cm. Seattle Art Museum.
Lucas Cranach el Viejo (1472-1553), El Juicio de Paris, entre 1516 y 1518. Óleo sobre tabla, 63.5 × 41.9 cm. Seattle Art Museum.
Anselm Feuerbach (1829–1880), El Juicio de Paris, entre 1869 y 1870. Óleo sobre lienzo, 228 × 443 cm. Kunsthalle Hamburg.
Anselm Feuerbach (1829–1880), El Juicio de Paris, entre 1869 y 1870. Óleo sobre lienzo, 228 × 443 cm. Kunsthalle Hamburg.
Antoine Watteau (1684–1721), El Juicio de Paris, entre 1718 y 1721. Óleo sobre tabla, 47x31cm. Louvre Museum.
Antoine Watteau (1684–1721), El Juicio de Paris, entre 1718 y 1721. Óleo sobre tabla, 47x31cm. Louvre Museum.
Enrique Simonet Lombardo (Valencia, 1866 - Madrid, 1927), El Juicio de Paris, 1904. Óleo sobre lienzo, 215×331 cm. Museo de Málaga.
Enrique Simonet Lombardo (Valencia, 1866 – Madrid, 1927), El Juicio de Paris, 1904. Óleo sobre lienzo, 215×331 cm. Museo de Málaga.
Anton Raphael Mengs (1728–1779), El Juicio de Paris, 1757. Óleo sobre lienzo, 226x295cm. Museo Hermitage.
Anton Raphael Mengs (1728–1779), El Juicio de Paris, 1757. Óleo sobre lienzo, 226x295cm. Museo Hermitage.
El Juicio de Paris por el Maestro de los paneles de Argonaut, c. 1480, italiano, temple sobre tabla - Museo de Arte Fogg -
El Juicio de Paris por el Maestro de los paneles de Argonaut, c. 1480, italiano, temple sobre tabla – Museo de Arte Fogg –
Henryk Siemiradzki (1843–1902), El Juicio de Paris, 1892. Óleo sobre lienzo, 99 × 227 cm. National Museum in Warsaw.
Henryk Siemiradzki (1843–1902), El Juicio de Paris, 1892. Óleo sobre lienzo, 99 × 227 cm. National Museum in Warsaw.
Eduard Veith (1858–1925). Óleo sobre cartón. 60.5 x 81 cm. Fuente: Dorotheum.
Eduard Veith (1858–1925). Óleo sobre cartón. 60.5 x 81 cm. Fuente: Dorotheum.
Harald Giersing (1881 København - 1927 København) (Dinamarca), El Juicio de Paris, 1909. Óleo sobre tabla. 121,5x149cm. Statens Museum for Kunst.
Harald Giersing (1881 København – 1927 København) (Dinamarca), El Juicio de Paris, 1909. Óleo sobre tabla. 121,5x149cm. Statens Museum for Kunst.
Jacob Jordaens (1593–1678), El Juicio de Paris. Óleo sobre lienzo, 113 × 139 cm. National Gallery of Slovenia.
Jacob Jordaens (1593–1678), El Juicio de Paris. Óleo sobre lienzo, 113 × 139 cm. National Gallery of Slovenia.
Frans Floris (1519/1520–1570), El Juicio de Paris, 1548. Óleo sobre tabla de roble, 120x160cm. Museumslandschaft of Hesse in Kassel.
Frans Floris (1519/1520–1570), El Juicio de Paris, 1548. Óleo sobre tabla de roble, 120x160cm. Museumslandschaft of Hesse in Kassel.
Frans Floris (1519/1520–1570), El Juicio de Paris, 1550. Óleo sobre tabla,135x188cm. Museo Hermitage.
Frans Floris (1519/1520–1570), El Juicio de Paris, 1550. Óleo sobre tabla,135x188cm. Museo Hermitage.
Luca Giordano (1632–1705), El Juicio de Paris, entre 1681 y 1683.Óleo sobre lienzo, 247x326cm. Museo Hermitage.
Luca Giordano (1632–1705), El Juicio de Paris, entre 1681 y 1683.Óleo sobre lienzo, 247x326cm. Museo Hermitage.
Alfons Mucha (1860–1939), El Juicio de Paris, 1895. Técnica mixta, 50 × 32.5 cm. Colección Privada.
Alfons Mucha (1860–1939), El Juicio de Paris, 1895. Técnica mixta, 50 × 32.5 cm. Colección Privada.
Paul Gauguin (1848–1903), El Juicio de Paris, 1902. Óleo sobre lienzo, 26.5 × 45.5 cm. National Gallery in Prague.
Paul Gauguin (1848–1903), El Juicio de Paris, 1902. Óleo sobre lienzo, 26.5 × 45.5 cm. National Gallery in Prague.
Pierre-Auguste Renoir (1841–1919), El Juicio de Paris, entre 1908 y 1910. Óleo sobre lienzo, 73 × 92.5 cm. Hiroshima Museum of Art.
Pierre-Auguste Renoir (1841–1919), El Juicio de Paris, entre 1908 y 1910. Óleo sobre lienzo, 73 × 92.5 cm. Hiroshima Museum of Art.
Darío Ortiz - El juicio de Paris o Paris y las prepago, 2006. Óleo sobre lienzo, 150x250cm.
Darío Ortiz – El juicio de Paris o Paris y las prepago, 2006. Óleo sobre lienzo, 150x250cm.

La Belleza Encerrada de Fra Angelico a Fortuny-Exposición Temporal Museo del Prado- (Sala XI)

Pilatos lavándose las manos, Luca Giordano
Pilatos lavándose las manos, Luca Giordano

SALA XI.

(Presentación y contenidos)

Tres cuadros del flamenco Wouwerman enlazan esta sala con las anteriores a través de sus paisajes. La sensibilidad nórdica se centra ahora en la amplitud de los horizontes y en la belleza del cielo. En esas tierras abiertas, de lomas verdes, damas y caballeros salen de caza con sus halcones y sus perros, y es así como el artista recrea la vida ordenada de la sociedad de su país. Técnica y asunto anuncian el siglo XVIII, como también, en la pintura religiosa, lo presagia Murillo, cercano a la ternura, colorido y delicadeza de pincel que caracterizan la centuria siguiente. Así lo demuestran las obras de Goya, visibles a través de la hendidura en el muro y conectadas con las de los que le precedieron en la Colección Real. Giordano ilustra excepcionalmente el último barroco decorativo y en el pequeño formato resume la grandeza de sus frescos. En las dos bellas escenas sobre cobre utiliza su proverbial virtuosismo técnico y su reconocida capacidad de imitación, que le acercan a modelos de artistas alemanes como Durero y Lucas van Leyden o al colorido y la suavidad de Correggio. En los retratos ecuestres de Carlos II y Mariana de Neoburgo incorpora la nobleza de los ejemplos de Velázquez, pero también la habilidad de Rubens para introducir la alegoría: la Fe para el rey y la Abundancia para la reina. La constante referencia al mundo clásico aparece en los paisajes de Panini y de Conca, y en su Autorretrato Solimena se presenta ya como un príncipe de la pintura, como había proclamado Durero en el suyo a fines del siglo XV. La sensibilidad lánguida del desnudo del boloñés Creti anuncia ya el Romanticismo.

Europa y Asia, Jan van Kessel el Viejo. Óleo sobre lámina de cobre, 17,5 x 12,3 cm, 1660. Cuadro de gabinete.
Europa y Asia, Jan van Kessel el Viejo. Óleo sobre lámina de cobre, 17,5 x 12,3 cm, 1660. Cuadro de gabinete.
Autorretrato, Francesco Solimena. Óleo sobre lienzo, 38 x 34 cm, H. 1727. Reducción del cuadro a tamaño natural que se conserva en el Museo di San Martino,  Nápoles.
Autorretrato, Francesco Solimena. Óleo sobre lienzo, 38 x 34 cm, H. 1727. Reducción del cuadro a tamaño natural que se conserva en el Museo di San Martino, Nápoles.
Partida de cetrería, Philips Wouwerman. Óleo sobre lienzo, 80 x 70 cm, 1665 – 1668. Parte de un conjunto de escenas de temática similar.
Partida de cetrería, Philips Wouwerman. Óleo sobre lienzo, 80 x 70 cm, 1665 – 1668. Parte de un conjunto de escenas de temática similar.
Partida de caza y pescadores, Philips Wouwerman. Óleo sobre lienzo, 76 x 115 cm, 1660 – 1662. Parte de un conjunto de escenas de temática similar.
Partida de caza y pescadores, Philips Wouwerman. Óleo sobre lienzo, 76 x 115 cm, 1660 – 1662. Parte de un conjunto de escenas de temática similar.
Partida de cetrería entrando en un río, Philips Wouwerman. Óleo sobre lienzo, 50 x 66 cm, 1655 – 1658. Parte de un conjunto de escenas de temática similar.
Partida de cetrería entrando en un río, Philips Wouwerman. Óleo sobre lienzo, 50 x 66 cm, 1655 – 1658. Parte de un conjunto de escenas de temática similar.
Victoria de los israelitas y cántico de Débora, Luca Giordano. Óleo sobre lienzo, 102 x 154 cm, H. 1692. Boceto para los frescos de la cúpula de la iglesia de Santa Maria Donnaromita, Nápoles.
Victoria de los israelitas y cántico de Débora, Luca Giordano. Óleo sobre lienzo, 102 x 154 cm, H. 1692. Boceto para los frescos de la cúpula de la iglesia de Santa Maria Donnaromita, Nápoles.
El beso de Judas, Luca Giordano.Óleo sobre lámina de cobre, 43 x 66 cm, 1655 – 1660. Cuadro de devoción.
El beso de Judas, Luca Giordano.Óleo sobre lámina de cobre, 43 x 66 cm, 1655 – 1660. Cuadro de devoción.
Pilatos lavándose las manos, Luca Giordano. Óleo sobre lámina de cobre, 43 x 66 cm, 1655 – 1660. Cuadro de devoción.
Pilatos lavándose las manos, Luca Giordano. Óleo sobre lámina de cobre, 43 x 66 cm, 1655 – 1660. Cuadro de devoción.
Carlos II, rey de España, a caballo, Luca Giordano. Óleo sobre lienzo, 81,1 x 60,3 cm, Antes de 1694. Boceto preparatorio para unas obras de mayor tamaño.
Carlos II, rey de España, a caballo, Luca Giordano. Óleo sobre lienzo, 81,1 x 60,3 cm, Antes de 1694. Boceto preparatorio para unas obras de mayor tamaño.
Mariana de Neoburgo, reina de España, a caballo, Luca Giordano.Óleo sobre lienzo, 81,2 x 61,4 cm, 1693-94. Boceto preparatorio para unas obras de mayor tamaño.
Mariana de Neoburgo, reina de España, a caballo, Luca Giordano.Óleo sobre lienzo, 81,2 x 61,4 cm, 1693-94. Boceto preparatorio para unas obras de mayor tamaño.
Desnudo masculino, Donato Creti. Óleo sobre papel, 283 x 419 mm, 1710 – 1720. Boceto.
Desnudo masculino, Donato Creti. Óleo sobre papel, 283 x 419 mm, 1710 – 1720. Boceto.
La idolatría de Salomón, Sebastiano Conca. Óleo sobre lienzo, 54 x 71 cm, H. 1750. Boceto para una obra no conocida.
La idolatría de Salomón, Sebastiano Conca. Óleo sobre lienzo, 54 x 71 cm, H. 1750. Boceto para una obra no conocida.
Alejandro Magno en el templo de Jerusalén, Sebastiano Conca. Óleo sobre lienzo, 52 x 70 cm, 1736. Boceto para un cuadro de la serie de ocho encargada como decoración de los salones del palacio de La Granja, Segovia.
Alejandro Magno en el templo de Jerusalén, Sebastiano Conca. Óleo sobre lienzo, 52 x 70 cm, 1736. Boceto para un cuadro de la serie de ocho encargada como decoración de los salones del palacio de La Granja, Segovia.
La educación de Aquiles, Sebastiano Conca. Óleo sobre lienzo, 59 x 74 cm, 1727. Boceto preparatorio para la decoración levantada en la Plaza de España de Roma con motivo del nacimiento del infante Luis Antonio Jaime, ultimo hijo varón de Felipe V.
La educación de Aquiles, Sebastiano Conca. Óleo sobre lienzo, 59 x 74 cm, 1727. Boceto preparatorio para la decoración levantada en la Plaza de España de Roma con motivo del nacimiento del infante Luis Antonio Jaime, ultimo hijo varón de Felipe V.
Ruinas con la pirámide de Cayo Cestio, Giovanni Paolo Panini. Óleo sobre lienzo, 48 x 64 cm, H. 1730. Cuadro de gabinete.
Ruinas con la pirámide de Cayo Cestio, Giovanni Paolo Panini. Óleo sobre lienzo, 48 x 64 cm, H. 1730. Cuadro de gabinete.
San Fernando, Bartolomé Esteban Murillo. Óleo sobre lienzo, 56 x 38 cm, H. 1672. Cuadro de devoción.
San Fernando, Bartolomé Esteban Murillo. Óleo sobre lienzo, 56 x 38 cm, H. 1672. Cuadro de devoción.

Nota: Los textos que acompañan esta entrada han sido extraídos de la pequeña guía de mano que acompaña la visita a la exposición.